Después de leerme ‘Sexografías’, de Gabriela Wiener, me ha quedado claro que mi curiosidad es bastante más conservadora y mi imaginación tiene vuelo de gallina. Con seguridad, me intrigan muchas cosas como qué se sentirá follar con un actor de la talla de Rocco Sifreddi, o cómo hacen para tener una vida poliamorosa, cómo les alcanza ese tipo de amor para tantas personas. Pero todo se queda en una investigación mediocre a partir de las vivencias que otros escriben.

También me da curiosidad el tema del ‘squirting’, eso que hacen las actrices porno que vuelve locos a algunos hombres y que ellas blanquean los ojos cada que sale un chorro eufórico y parabólico de su coño. Hay un montón de información al respecto. Me genera mucha curiosidad la autoridad con la que científicos hombres aseguran que es orina. Hay muchas discusiones y experiencias que se contradicen entre sí y yo solo puedo contar la mía. No quiere decir que sea la típica, o que a todas nos tenga que pasar.

Es viernes y mi pareja sale temprano de la casa. Yo estoy en esos días en los que no hay sexo suficiente para saciar esta calentura y para ocultar mis ganas pienso en “analizar la película basada en Las 120 jornadas de Sodoma”. Trato de concentrarme en lo vieja que es y en juzgar las escenas por los pobrísimos efectos, no tan especiales, que tiene.

Como tengo la costumbre de jugar con las cositas mientras veo tv, bajo mis manos y la meto entre los calzones que no voy a tener mucho tiempo más. Me encuentro con un charquito involuntario y empiezo a jugar un rato, tengo el clítoris durísimo y si no tengo cuidado sé que me va a doler. Me vengo tan rápido que decido pausar la película y prender computador para ver porno de verdad.

Estoy caliente y quiero hacer una maratón de orgasmos a las 10 de la mañana. Abro 3 páginas, las de siempre, y espero a que carguen. Últimamente el contenido de Youporn me parece aburrido y lento, pero la costumbre de abrirlo me pone a revisar con una mano (la que no uso tanto) los videos románticos y sobreproducidos. Si no encuentro nada en las 3 primeras hojas, sé que es hora de cambiar de página o hacer una búsqueda específica de eso que sé que me gusta como las japonesitas que “nomecómeme”, las fiestas de solteras en donde el recato de las chicas se queda afuera junto a los calzones que no van a necesitar.

Son las 3pm y no he parado, ya siento que es demasiado pero sigo caliente y pienso que no puede ser un día de arrechera y ya. Me invento un propósito y me pongo en la tarea de hacer ‘squirt’. Veo videos con instrucciones, encuentro el punto de textura arrugada dentro del coño, me pongo en posición e imito los movimientos del hombre al que solo se le ve la mano. No funciona, pierdo el impulso y vuelvo al clítoris… Así está mejor.

Entre los orgasmos leo sobre la eyaculación femenina y dicen que lo más difícil de todo es superar la barrera psicológica que aprendimos desde niños, que el ‘squirt’ empieza con ganas de orinar y que lo más importante es permitirse orinar, o dejar que salga lo que tenga que salir. Ni se les ocurra, no me voy a orinar, ¡He dicho! También hablan de la excitación necesaria para poder hacer ‘squirt’. Recuerdo el artículo de la periodista Wiener que dice que ella no estaba caliente, ni le gustaba el chico con el que se juntó solo para poder experimentarlo. Toda la información es confusa y parece que no se han puesto de acuerdo en la verdad verdadera. Pienso en que es hora de sacar la investigadora que hay en mí y hacer el trabajo de campo con más rigor.

Tengo la mano acalambrada, el clítoris duele solo con soplarlo y ya me he probado a mí misma que soy multiorgásmica, no simultáneamente, pero de a uno pueden ser muchos en el día. Se me ocurre masturbarme una vez más sentada en el retrete y esta vez tratar de no contener nada, que salga lo que tenga que salir y por donde tenga que salir. Al final estoy sola todavía, en un baño y soy mayor de edad, puedo hacer lo que quiera y quiero hacer ‘squirt’.

Son las 7 pm y me siento pervertida, maniática y todavía caliente. Me toco suavecito los pezones y se me enchina la piel, pongo una cantidad irracional de KY en mi mano derecha y empiezo nuevamente a estimular el clítoris. Después de poquísimos segundos siento ganas de orinar y esta vez no paro nada, me obligo a seguir, relajar todo lo que he apretado para no hacer reguero. Contengo la respiración y salen un par de chorritos transparentes acompañados del orgasmo más largo e intenso de ese día. No lo puedo creer, existe, yo lo viví y sola. Me emociona conocer mi cuerpo, explorar y llegar a ese punto. Mi verdad verdadera es que yo debo estar caliente para hacerlo, que es más cómodo hacerlo en el baño por temas de regueros que se tendrán que limpiar en algún momento. Pienso que limpiar es lo de menos cuando no lo tengo que hacer sola… me reprocho el pensar en esas cosas cuando lo importante ha sido la experiencia que acabo de tener. Me gusta, el ‘squirt’ intensifica el orgasmo y me formatea el cerebro.

Después de ese día, aunque lo he intentado acompañada, no he podido pero si estoy muy estresada en la oficina, me voy al baño, renuncio a contraer cualquier parte del cuerpo, salen un par de chorritos transparentes acompañados del orgasmo y es como volverse a levantar, como empezar el día otra vez.

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