Se cumple una semana exacta del terremoto que sacudió a trece departamentos del país con especial intensidad en al menos cinco de ellos. Ocurrió en medio de una coyuntura política especial: el inicio de un nuevo gobierno. La catástrofe no dejó al nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, llegar a la sede que escogió para ejercer su presidencia en Bogotá, el Palacio de San Carlos. Algunos creen que la tragedia también representaría un prematuro revés para su administración, pero con el paso de los días viene quedando demostrado que, de acertar en la gestión de la crisis, el nuevo mandatario habrá comenzado con pie derecho.
Las circunstancias hicieron que el presidente De la Espriella materializara desde muy temprano su promesa de campaña de gobernar junto con alcaldes y gobernadores, pero no desde la capital, sino en los propios territorios. Ha recorrido las zonas devastadas acompañado por su vicepresidente, José Manuel Restrepo, varios de sus ministros, otros altos funcionarios y la primera dama, Ana Lucía Pineda. Sin tener aún datos que reflejen el impacto de esa gestión inicial, el país sí ha visto a un mandatario al frente de las acciones en diferentes lugares de la catástrofe y muy cercano a las familias de las víctimas y los damnificados.
Entre las medidas más destacadas está la declaración de emergencia económica, que permitirá liberar recursos de manera más expedita para la recuperación. Una tarea que debe desarrollarse con mayor celeridad es la gestión de las ingentes cantidades de ayudas que han llegado como avalancha por la solidaridad de los colombianos y del exterior, lo mismo que la administración de los multimillonarios recursos que han brotado de la más amplia gama de fuentes que van desde donaciones de personas naturales y los empresarios, banqueros e industriales, hasta el Banco Mundial. La situación reclama urgente una gerencia.
Otra tiene que ver con que, como recién nombrado comandante de las Fuerzas Armadas del país ha tenido que disponer de los uniformados en dos grandes frentes. El primero, acompañando las labores de rescate, por un lado, con militares expertos en el tema, y, por otro lado, garantizando la seguridad en las zonas afectadas. El segundo, llevando a cabo la campaña militar que prometió como candidato contra los grupos armados bajo la advertencia de que o se entregan o serán dados de baja.
En este aspecto ya entregó como resultado la baja o captura de algunos cabecillas criminales. Y esa lucha se podría ver potenciada con el ingreso de Colombia a la iniciativa estadounidense Escudo de las Américas y el aún no muy claro anuncio del secretario de Defensa Pete Hegseth, según el cual De la Espriella habría autorizado operaciones conjuntas con tropas de Estados Unidos en territorio Colombia. Pero, parta que eso ocurra, según la Constitución, se requiere la aprobación del Senado.
De la Espriella también tuvo que sortear las dificultades derivadas de la ausencia de empalme con el anterior gobierno, que no quiso reconocer su triunfo en las urnas. Eso propició que el director de la UNGRD de la pasada administración, Javier Pava, hubiera sido el que enfrentó los primeros momentos de la catástrofe. Eso, entre otras cosas, produjo la desinformación sobre si Colombia rechazó la presencia de rescatistas de algunos países.
Después se supo que fue el mismo Pava quien informó que no era necesario el despliegue de equipos internacionales especializados de búsqueda y rescate.
La naturaleza puso a De la Espriella a presentar resultados muy pronto, no por lo que se había trazado para su Gobierno, sino por el fatídico terremoto. Él no tuvo que esperar a ese plazo que se les da por tradición a los presidentes de hacer un primer corte de cuentas en los primeros cien días. Tiene que mostrar cumplimiento de metas, y de los nuevos anuncios que surgieron de la emergencia, en el término de la distancia.
El barco está averiado, es cierto, además por el hecho de que De la Espriella ha señalado que el gobierno anterior dejó a Colombia sumida en graves crisis estructurales como el deterioro de las finanzas públicas, la desfinanciación de programas sociales (como Colombia Mayor) y del sistema de salud, además de un alarmante aumento de la violencia y denuncias de corrupción como la que se devoró, justamente la UNGRD que debe atender la emergencia.
Pero el nuevo capitán de la nave, el presidente De la Espriella, cuenta con un factor que está soplando como un poderoso viento a su favor: la nación, sin distingos de credos, razas, ni menos aún de color político ni de ideologías, está unida y volcada en solidaridad. Un verdadero bálsamo inesperado después de cuatro años de crispación. No es porque el jefe de Estado lo haya conseguido, pero esa unidad constituye también una buena caja de resonancia para sus palabras y les cierra espacios a quienes quieren sacar ventajas políticas a la situación, o incluso achacársela al nuevo gobierno.
Las voces que han pretendido obtener réditos políticos han recibido un contundente rechazo. La situación de Colombia exige abrir un compás de espera con el fin de que el recién posesionado Gobierno maniobre. Lo que reclama el país es rodear a las víctimas y damnificados, que esperan ayuda sin importar su origen. Todos y cada uno de los fallecidos, de los heridos, de los desaparecidos, de quienes lo perdieron todo y de quienes resultaron afectados de diferentes formas, exigen al conjunto de la sociedad honrar los más elevados valores humanos y rechazan los intentos de manipulación política.
Ya llegará el momento de los juicios y las evaluaciones. De la Espriella, eso sí, lo mismo que su antecesor y todos los demás expresidentes, serán calificados más o menos con base en la reflexión que la tradición le atribuye al dramaturgo y poeta alemán Friedrich Hebbel según la cual “a la historia le es indiferente cómo suceden las cosas. Se pone al lado del que ejecuta, del ganancioso”.
Eso es lo que le queda al nuevo presidente de Colombia: ejecutar, no solo para marcar una importante diferencia con su predecesor, señalado de inacción, y no precisamente en crisis como la de este terremoto, sino para concretar soluciones reales que permitan superar la calamitosa situación actual, que, a primera vista, se ve como problemática para él, pero que en realidad es también una enorme oportunidad de hacer sentir que gobierna bien y para todos.
Posesión de Abelardo de la Espriella
La posesión de Abelardo de la Espriella será en la Arena USC, de la universidad Santiago de Cali. La presencia del presidente en esta ciudad tiene varios mensajes sobre lo que espera sea su Gobierno en los próximos cuatro años. Estos son los detalles más importantes de lo que pasará este 7 de agosto.
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