En ese tiempo el sistema de cable que contrataban en mi casa tenía en los últimos números unos gusanitos en blanco y negro que gemían.

El ejercicio de ver porno, antes de que existiera internet y siendo aún menor de edad, era una tarea de poderosa concentración para poder identificar una teta o diferenciar una pierna de un pito, porque al no pagar los canales de adultos era necesario afinar el oído y aprovechar los momentos en los que la imagen se veía medio nítida. Levanten la mano los que desarrollaron el poder de abstracción con los canales 97,98 y 99.

Lo malo de ver porno es que las expectativas de la vida se convierten en poderosas frustraciones a la hora de follar con un humano sin importar el sexo, la inclinación o las perversiones.

A continuación una lista de las mentiras, los traumas y complejos que nos quedaron del porno:

1. Sin importar lo guapa que sea tu suegra, si te pilla en la cama con su hija no se va a masturbar en la puerta ni se va a unir a ese bacanal.

2. Las mujeres, por lo menos con las que he hablado del tema, no nos calentamos viendo a un hombre sin ropa y con medias de ningún color, textura o tamaño.

3. Existen muy pocas posibilidades de que si estás en un hospital, porque te partiste una pierna, la enfermera se meta tu pito en la boca para calmar el dolor, y mucho menos se te va a montar encima para cabalgarte como vaquero de comercial de cigarrillos.

4. No hay forma de tener un orgasmo acostado en una moto, sin importar lo profesional que seas en el mundo de las contorsiones. Estás concentrado en la manija que te estás enterrando en la cabeza o el pantalón que se enredó en el escape de gases del vehículo.

5. Los pelos existen, solo 1 día de los 4 días que dura una depilación, se puede comparar con las escenas impolutas de los actores que parecen más evolucionados y lampiños que los gatos ‘sphynx’.

6. De los bukakes, que son una horda de machos haciendo fila para que una inocente damisela les chupe el miembro, mientras con las manos agarra lo que pueda del que esté más cerca, aprendieron a venirse en el pelo y, al menos en mi caso, es uno de los errores que me hacen no repetir.

7. A la mayoría de hombres no les mide 25 cm de largo, ni tienen un diámetro que haga perder otra virginidad.

8. Las mujeres nos despelucamos, el maquillaje se corre y el peinado que duraste horas haciéndote, se pierde.

9. La eyaculación no es un fluido descontrolado que se queda pegado en el techo.

10. Por más pedidos a domicilios que hagas siempre llegará un motorizado desaliñado sin músculos y con afán.

11. El sexo anal está lejos de ser esa fantasía impecable y perfecta. Si no saben cómo se hace, la penetración puede ser uno de los dolores más traumáticos y desalentadores del apareamiento.

12. Un buen polvo promedio, en mi opinión, está entre los 10 y los 20 minutos. Lo que ves al final es la edición de un montón de horas editadas y muchos procesos secretos para mantener una erección.

13. El acoso de los jefes no es sexi, ni consensuado, ni es la fantasía de todos los subordinados.

14. Nadie quiere bajarte y hacerte sexo oral después de una sudorosa rutina en el gimnasio.

15. Jugar con comida, untarse chocolate, crema batida y cualquier cosa dulce y pegajosa es más un encarte ensuciador que una aventura calentona.

Columnas anteriores 

Gancho ciego: un viaje por los gazapos sexuales

Mi sexo por Ana Deuna

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.