El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia dejó, con corte al 11 de agosto, 272 edificios colapsados y daños en 15.601 estructuras, reabriendo el debate sobre la capacidad de las viviendas para resistir fuertes movimientos sísmicos.
Aunque Colombia ha fortalecido durante más de cuatro décadas sus normas de construcción, persisten riesgos asociados a la informalidad y a edificaciones antiguas que no fueron adaptadas a los estándares actuales.
Tras el terremoto de Popayán de 1983, el país expidió en 1984 su primer Código de Construcciones Sismorresistentes.
Posteriormente surgieron la NSR-98 y la NSR-10, que incorporaron avances sobre amenaza sísmica, condiciones del suelo, materiales y requisitos técnicos.
En la construcción formal existen controles desde el diseño hasta la ejecución. Los proyectos de más de 2.000 metros cuadrados requieren revisión independiente de los diseños estructurales y supervisión técnica durante la obra.
Sin embargo, cumplir las normas no significa que una edificación quede completamente intacta después de un terremoto.
El objetivo principal de la sismorresistencia es proteger vidas y evitar el colapso, permitiendo que las personas tengan tiempo para evacuar.
Por ello, un edificio puede sufrir daños estructurales o no estructurales y seguir cumpliendo su función de preservar la vida.
“Eres una guerrera”: la desgarradora historia de las trillizas que conmueve a Colombia
La conmovedora historia de las trillizas Ana María, Isabella y Sofía Saavedra Caicedo, una familia de Cali que quedó atrapada entre los escombros tras el fuerte sismo del 10 de agosto. Las tres hermanas, de 23 años, se encontraban junto a sus padres, Jairo Saavedra y Victoria Caicedo, cuando la estructura donde vivían colapsó.
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