Uno de los grandes problemas que le heredará el presidente Gustavo Petro a su sucesor serán las desbaratadas relaciones con varios países. En un reflejo hacia el exterior del inveterado e irrefrenable estilo pendenciero que el mandatario impuso para gobernar a Colombia, rompió o dañó seriamente los lazos que unen al país con varios de sus vecinos, y hasta con naciones más lejanas. A escasos dos meses y medio de acabar su Gobierno, sumó a las múltiples averías diplomáticas que deja a su paso, la de Bolivia.
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En varios de esos hechos, el presidente Petro rompió el principio que rige las relaciones internacionales según el cual no se debe intervenir en los asuntos internos de otro país, y que él reclama hasta con palabras airadas cuando siente que otras naciones critican su administración. Como hace para justificar los ataques que lanza dentro de Colombia contra sus detractores, el jefe de Estado invoca el derecho universal a la libertad de expresión para hablar de lo divino y lo humano más allá de las fronteras.
En aras de conseguir el sueño de situarse como líder regional del progresismo, en momentos en que la derecha está dando muestras de quitarle espacios en el contiene a la izquierda, el presidente Petro ha tocado fibras sensibles. El caso más reciente es el de Bolivia, en donde sectores afines al expresidente Evo Morales —prófugo de la justicia contra quien la fiscalía de ese país pidió 20 años de prisión por el delito de trata de personas agravado, tras acusarlo de haber mantenido una relación con una menor de edad cuando aún ejercía la presidencia— ha desatado una ola de desmanes contra entidades públicas.
Dura respuesta de Bolivia a comentarios de Petro
El mandatario colombiano vio en eso una nueva oportunidad para buscar su liderazgo regional y aseguró que ese país andino “está experimentando una insurrección popular”. Además, sostuvo que las manifestaciones, que exigen la renuncia del mandatario Rodrigo Paz y derivaron este lunes en saqueos al Tribunal Departamental de Justicia (TDJ) y destrozos en el sistema de transporte, son “la respuesta a la arrogancia geopolítica”. Después, apeló a sus lugares comunes: “Latinoamérica es una civilización diversa y diferente; no puede homogeneizarse desde ningún rincón del planeta”.
Acomodó la idea de ofrecer su Gobierno para “buscar fórmulas pacíficas para resolver la crisis política boliviana” en medio de una de sus complicadas divagaciones con apariencia de profundidad en la que saltó de Latinoamérica y el Caribe al “Mediterráneo ancestral, el África subsahariana y los desiertos del Sahara”. Y adobó su trino con una frase que no deja de tener un tufillo de amenaza: “La leyenda decía que el jaguar americano despertaría si el cóndor era atacado, y el jaguar ha despertado en la conciencia popular”.
Esa forma de expresarse el mandatario, que solo excita a sus seguidores, provocó de inmediato la reacción del gobierno de Bolivia, lejos de dejarse impresionar por el verbo de Petro. La cancillería de ese país confirmó este miércoles que la embajadora de Colombia en Bolivia, Elizabeth García, fue expulsada de ese país. El canciller boliviano, Fernando Aramayo, confirmó a Unitel, que la diplomática fue considerada persona non grata por las recientes declaraciones del presidente Petro.
Para Aramayo, esas declaraciones “no reflejan la relación de amistad, respeto y cooperación entre los pueblos de Bolivia y Colombia, ni los profundos vínculos históricos que unen a ambos Estados”. Y fue más duro al asegurar que “Bolivia considera improcedente cualquier interpretación o caracterización externa que distorsione la naturaleza de los acontecimientos actuales o que contribuya a profundizar la confrontación entre bolivianos”, y que los desafíos que afronta el país deben resolverse “en el marco del orden constitucional, el respeto a las instituciones democráticas y mediante mecanismos de diálogo”, y que ello corresponde “exclusivamente al pueblo boliviano”.
La seguidilla de problemas de Petro con otros países
Pero Bolivia no es sino el más reciente capítulo de una seguidilla de conflictos que ha activado el presidente Petro, que también afectó las relaciones con Ecuador por hacer comentarios en defensa del exvicepresidente de ese país Jorge Glas (condenado por corrupción), de la cuerda del expresidente Rafael Correa, prófugo en Bélgica. El presidente de Ecuador respondió: con el argumento de que Colombia no controla el narcotráfico y la minería ilegal en la frontera, impuso aranceles a los productos colombianos, lo que desencadenó una guerra arancelaria entre los dos países.
Con Perú las relaciones también están apenas en proceso de normalización después de que el presidente Petro, en 2023, se pronunció en favor del expresidente de ese país Pedro Castillo, procesado por haber intentado un golpe de Estado. Perú retiró a su embajador en Bogotá en respuesta a declaraciones del mandatario colombiano, calificadas como “injerencistas y ofensivas” hacia la presidenta Dina Boluarte; Bogotá actuó de manera recíproca. Después de dos años de distanciamiento, los gobiernos de los dos países decidieron nombrar de nuevo embajadores, dejando atrás el periodo en el que solo se mantenían relaciones a través de encargados de negocios.
También Argentina está en la mira de Petro. El jefe de Estado Colombiano, desde 2024, ha utilizado el nombre del presidente argentino, Javier Milei, para referirse al modelo político y económico que rechaza. Petro ha advertido a sus simpatizantes que la oposición y sectores conservadores aspiran a que en el año 2026 llegue al poder en Colombia un gobernante de ideología liberal radical o de extrema derecha (al que él compara con Milei) para “acabar con todo” lo que su administración ha construido.
La disputa con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump también hace parte del modelo de ‘política exterior’ de Petro. En un primer momento, desató una de las peores crisis diplomáticas con ese país al rechazar la llegada de aviones con colombianos deportados bajo la política de repatriación masiva de Estados Unidos. De inmediato, el gobierno estadounidense impuso sanciones económicas, amenazó con aranceles entre el 25% y 50% y suspendió los trámites de visas. Los colaboradores de Petro fueron los que arreglaron el entuerto, pero vendrían cosas peores.
En Nueva York, frente a la sede de Naciones Unidas, el presidente Petro, en medio de una protesta propalestina, exhortó a los soldados estadounidenses a “desobedecer las órdenes de Trump y obedecer las órdenes de la humanidad”. Como es habitual, Petro invocó su derecho a la libre expresión sin considerar que en Estados Unidos, pedir a miembros de las fuerzas armadas que desobedezcan órdenes legítimas es, potencialmente, un delito federal. Después vendrían reacciones como la descertificación de Colombia en lucha antinarcóticos y la inclusión de Petro y dos de sus familiares en la ominosa lista Clinton.
Con Israel, finalmente, el mandatario colombiano sí rompió relaciones, alegando que ese país mataba niños en sus bombardeos en Gaza. Pese a tener razón, ha llamado la atención que Petro no comente ni tome decisiones frente a conflictos en los que los niños también son víctimas, como en la invasión que adelanta Rusia contra Ucrania. Todos los problemas internacionales que enfrenta Colombia han sido todavía más difíciles de resolver debido a que el jefe de Estado ha tenido cuatro cancilleres: Álvaro Leyva, Luis Gilberto Murillo, Laura Sarabia y Rosa Villavicnecio. El país que reciba el presiente que reemplace a Petro tendrá mucho por hacer en materia de relaciones internacionales.
Graves acusaciones a Juliana Guerrero y más miembros del Gobierno de Petro: habló alta funcionaria
Angie Rodríguez, exdirectora del Dapre y actual funcionaria del Gobierno, aseguró que hay más de 20 personas que están buscando desacreditarla con el presidente Gustavo Petro acusándola de varios hechos que ella no cometió, pero lo que sí hizo fue destapar una supuesta disputa interna de poder entre diferentes funcionarios o personas cercanas al presidente, como Juliana Guerrero y Carlos Carrillo, con quienes ella ha tenido una confrontación desde hace varios meses.
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