El trágico desenlace de Yulixa Toloza, la estilista de 39 años cuyo cuerpo fue hallado en una zona boscosa de Apulo (Cundinamarca), sigue dejando desgarradores detalles sobre lo que ocurrió el pasado miércoles 13 de mayo. Amalia Pardo, una de sus amigas más cercanas y la persona que la acompañó a realizarse una lipólisis láser con sedación en el barrio Venecia, rompió el silencio y entregó un perturbador relato sobre los últimos momentos en que la vio con vida.
Según relató Amalia en testimonios conocidos por El Tiempo, Yulixa salió de la sala de procedimientos en un estado de salud extremadamente crítico que encendió de inmediato todas sus alarmas. La mujer se encontraba completamente desorientada, no podía mantenerse en pie por sí misma y sus capacidades cognitivas estaban severamente alteradas por la anestesia.
“Ella miraba como a la nada y no podía casi ni pronunciar palabras”, recordó con profundo dolor su amiga, describiendo la perturbadora mirada perdida con la que la estilista abandonó la camilla.
Ante el evidente peligro, Amalia aseguró que insistió varias veces a los encargados del lugar que Yulixa no estaba en condiciones de salir y exigió asistencia médica formal. Sin embargo, sus súplicas fueron ignoradas por el personal del centro estético clandestino, y poco después perdió todo contacto con ella. Esa tarde fue la última vez que la vio.
A partir de ese momento, la angustia de la familia se transformó en sospechas debido a las abiertas contradicciones de los trabajadores de la estética. Inicialmente, le aseguraron a Amalia que la estilista se había marchado del lugar “por voluntad propia”, una versión que sus allegados consideraron imposible dado que ni siquiera podía hablar coherentemente.
La verdad detrás de su desaparición comenzó a salir a la luz cuando otra paciente que se encontraba en el sitio confesó un detalle clave: Yulixa no salió caminando, sino que habría sido sacada inconsciente a rastras y subida a la fuerza en un vehículo Chevrolet gris de placas UCQ-340.
La alerta inicial en la Línea 123 ingresó hacia las 11:00 de la noche de ese mismo miércoles por supuesta negligencia médica. Aunque la Policía acudió al local y recibió información de que Yulixa había sido trasladada de urgencia al Hospital de Meissen, las autoridades verificaron el centro asistencial y descubrieron que allí no existía ningún registro de su ingreso.
El rastreo de las cámaras de seguridad y peajes de Cundinamarca devela que el vehículo gris salió de Bogotá hacia Soacha a las 8:53 p. m. Una hora después, los ocupantes del carro entraron a la vereda La Naveta, en la vía Apulo-Anapoima, donde abandonaron el cadáver de la mujer a un costado de la carretera rural, regresando por el peaje San Pedro tan solo una hora y once minutos más tarde para emprender la huida hacia la frontera en Cúcuta.
Mientras Medicina Legal avanza en Bogotá con la confirmación forense plena y las autoridades locales investigan a los cinco implicados en la red de “clínicas de garaje”, en el barrio Santa Lucía, en la localidad de Bosa, los allegados de Yulixa lloran su partida y recuerdan con horror las últimas horas de una tragedia que se pudo haber evitado.
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