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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Jun 29, 2026 - 4:28 pm

El suspenso terminó en Perú, pero la incertidumbre apenas comienza. Tras semanas de una agónica revisión de actas impugnadas que mantuvo al país en vilo, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) soltó el veredicto definitivo: Keiko Fujimori es la nueva presidenta electa de los peruanos. En un final de fotografía, la candidata de derecha consiguió romper su racha histórica de derrotas y se quedó con el despacho de la Casa de Pizarro para el periodo que arranca el próximo 28 de julio de 2026.

Los números oficiales demuestran que el país quedó fracturado matemáticamente en dos mitades irreconciliables. Fujimori, cobijada por el partido Fuerza Popular, alcanzó 9.223.396 votos, mientras que su rival de izquierda, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), se quedó congelado con 9.173.755 papeletas. Una diferencia mínima de apenas 49.641 sufragios decidió el destino de una nación que acudió a las urnas sin mayor entusiasmo, recordando que en la primera vuelta ninguno de los dos candidatos logró superar el lánguido 20 % de apoyo popular. Para Keiko, este triunfo representa sacarse una espina clavada tras tres intentos fallidos (2011, 2016 y 2021). 

¿Cómo logró ganar una de las figuras políticas que genera mayor resistencia y “antivoto” en América Latina? En diálogo con France 24 en Español, diversos analistas desnudaron las razones del éxito de Fujimori, dejando claro que no se trató de un enamoramiento del electorado, sino de una estrategia fría, recursos ilimitados y los errores fatales de su oponente.

  • Una máquina aceitada y disciplinada: A diferencia de los partidos de papel en Perú, Fuerza Popular demostró ser una organización profesional. El politólogo Gonzalo Banda destacó la capacidad de Keiko para resurgir de las cenizas tras pasar tres veces por prisión preventiva y tras la muerte de su padre.
  • El empujón de la élite y los medios: La politóloga Kathy Zegarra apuntó que Fujimori corrió con una ventaja abismal en términos económicos y logísticos, respaldada plenamente por el sector empresarial de Lima, la Costa Norte y los grandes medios tradicionales, lo que le permitió un despliegue de personeros clave para blindar sus votos.
  • El “cadáver político” que hundió a la izquierda: Roberto Sánchez no perdió solo por la maquinaria de Keiko, sino por el lastre de sus propias alianzas. El analista Paolo Sosa advirtió que a Sánchez le pasaron factura por cargar con las banderas del desastroso gobierno de Pedro Castillo (hoy condenado por su fallido autogolpe), un fantasma de corrupción e ineficiencia técnica que espantó a los votantes indecisos en los debates.

El regreso del apellido Fujimori al poder absoluto despierta alarmas y pasiones por igual. Keiko no es una aparecida en la política; conoce los pasillos del poder desde 1994, cuando con solo 19 años asumió el rol de primera dama tras el divorcio de sus padres, convirtiéndose en el rostro amable del régimen autócrata de Alberto Fujimori (1990-2000).

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Pese a que su padre fue condenado por graves delitos de lesa humanidad (homicidio, secuestro y torturas) y corrupción, Keiko cimentó su carrera defendiendo ese legado bajo la tesis de que fue juzgado sin pruebas directas. Desde 2006, cuando se estrenó como congresista, construyó un proyecto de derecha dura, conservadora, alineada con bloques internacionales como el Foro de Madrid y promotora del discurso de “mano dura” contra la delincuencia. Sin embargo, su sombra judicial por presunto lavado de activos sigue siendo un flanco abierto que la oposición no le dejará olvidar.

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