Guardar la carne en la misma bolsa plástica en la que fue entregada por el supermercado o la carnicería puede parecer una solución práctica para conservarla en la nevera.
(Vea también: Truco sobre cómo reducir el consumo de la nevera solo con limpiar una parte que pocos ven)
Sin embargo, este hábito puede favorecer problemas de almacenamiento, especialmente cuando el empaque se rompe, permite que se escapen líquidos o no está diseñado para conservar alimentos.
El manejo adecuado de la carne cruda es importante para reducir el riesgo de contaminación de otros productos dentro del refrigerador. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda mantener el refrigerador a una temperatura de 4 °C o menos y evitar que los jugos de las carnes entren en contacto con otros alimentos.
La mencionada entidad advierte que las bolsas convencionales pueden acumular humedad alrededor de la carne y, si presentan filtraciones, permitir que sus líquidos entren en contacto con verduras, lácteos u otros alimentos listos para consumir. Este problema se conoce como contaminación cruzada.
Por eso, además de controlar la temperatura, es importante revisar el tipo de empaque y la ubicación de la carne dentro de la nevera. El error común es que se usan las bolsas que sobran luego de hacer el mercado, las cuales pueden contener bacterias peligrosas como Salmonella, la E. coli o la Listeria.

¿Por qué no es recomendable guardar la carne en cualquier bolsa?
Uno de los principales inconvenientes de reutilizar las bolsas convencionales para almacenar carne es que pueden romperse o presentar filtraciones, especialmente cuando contienen piezas con huesos o están sometidas a presión dentro del refrigerador.
Si los líquidos de la carne alcanzan otros alimentos, pueden convertirse en una fuente de contaminación cruzada. Por esa razón, las recomendaciones de seguridad alimentaria apuntan a mantener los productos crudos separados y dentro de recipientes que eviten derrames.
Además, un empaque inadecuado puede afectar las características de la carne, como su textura, color y olor. La conservación también depende de mantener el alimento a una temperatura suficientemente baja y de respetar los tiempos recomendados.
¿Cómo se debe guardar la carne en la nevera?
Una opción es utilizar recipientes herméticos que permitan contener los líquidos de la carne y evitar que entren en contacto con otros productos. También pueden utilizarse bolsas diseñadas específicamente para congelación cuando el alimento vaya a almacenarse en el congelador.
La carne cruda debe mantenerse separada de alimentos que ya están listos para consumir. Una medida práctica consiste en colocarla en un recipiente cerrado y ubicarla en una zona donde, en caso de producirse algún derrame, no pueda contaminar otros productos.
La temperatura también es fundamental: la FDA recomienda que el refrigerador se mantenga a 4 °C o menos, mientras que el congelador debe estar a aproximadamente -18 °C.

¿Cuánto tiempo puede durar la carne refrigerada?
El tiempo de conservación depende del tipo de carne y de las condiciones en las que haya sido almacenada. La FDA recomienda consumir la carne refrigerada en un plazo de dos a tres días, mientras que las recomendaciones específicas pueden variar según el producto y su preparación.
Si la carne no se va a consumir pronto, una alternativa es congelarla utilizando un empaque apropiado para ese propósito. En ese caso, es conveniente identificar el contenido y la fecha de almacenamiento para controlar cuánto tiempo lleva congelada.
En cualquier caso, el empaque por sí solo no garantiza que la carne permanezca segura. La temperatura, el tiempo de almacenamiento, la higiene y la prevención de la contaminación cruzada son factores que deben tenerse en cuenta desde el momento de la compra hasta su preparación.
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