Escrito por:  Redacción Nación
Oct 5, 2026 - 4:13 pm

Así como hay alertas por situaciones climáticas en Bogotá, la divulgación de unas imágenes impactantes pusieron el dedo en la llaga en medio de la preocupación de la comunidad.

La presencia de larvas visibles en los ojos de peces extraídos del embalse de Hidrosogamoso encendió profundas alarmas entre los pobladores del departamento de Santander.

A través de contenidos audiovisuales difundidos en plataformas digitales replicados por El Tiempo, los ciudadanos observaron especímenes de tucunaré o pavón con gusanos alojados en su cavidad visual.

El hallazgo causó un impacto mediático inmediato, desatando temores infundados sobre posibles intoxicaciones o riesgos sanitarios asociados a la ingesta del alimento hídrico.

Ante esta coyuntura, especialistas médicos y zootecnistas acudieron al debate público para tranquilizar a la población y explicar la dinámica biológica del organismo.

El médico veterinario y zootecnista Leonardo Serrano Parra, especialista en conservación y cuidado de peces, explicó que se trata de un parásito exclusivo de fauna híptica.

La cadena evolutiva de esta especie microscópica requiere diferentes huéspedes para desarrollarse plenamente en los ecosistemas de agua dulce del territorio nacional.

Su ciclo vital inicia en los caracoles, pasa a los peces y culmina en aves piscívoras. El profesional descartó de manera categórica que el microorganismo tenga la capacidad orgánica de alojarse en los tejidos corporales de las personas.

Según Serrano, “no logra afectar al ser humano de ninguna manera”, pues al cocinar o congelar el pescado el parásito muere.

Incluso si llegara vivo al sistema digestivo, se deshace y no parasita a los mamíferos.

El médico veterinario apeló a comparaciones cotidianas para transmitir calma respecto al manejo gastronómico que requiere el producto extraído del embalse.

“Se puede comer una cucharada del parásito que no le va a pasar nada. Si le tiene miedo, como pasó con la carne de cerdo y el cisticercus, la opción es someterlo a un proceso de cocción acucioso y ahí se elimina”, contó en entrevista con El Tiempo.

Además del componente sanitario, las autoridades ambientales analizaron el comportamiento ecológico del tucunaré dentro de la cuenca hídrica santandereana.

El tucunaré es originario del Orinoco y la Amazonía, y fue introducido en Santander, razón por la cual se le considera especie invasora.

Serrano advierte que causa daño al ecosistema porque es un cazador innato y, a diferencia de especies locales, tiene la capacidad de cuidar sus crías, lo que favorece su expansión y amenaza a peces nativos.

Su capacidad reproductora y depredadora altera los balances biológicos de las especies autóctonas que habitan tradicionalmente la región geográfica.

“Este pez no es nuestro, no pertenece a la cuenca del Magdalena ni a Santander. Es invasor porque llegó sin ser de acá y está haciendo daño al ecosistema”, explicó.

El especialista también señaló que la difusión de estos videos podría estar ligada a intereses de la pesca deportiva.

La difusión masiva de imágenes negativas podría buscar desincentivar el consumo comercial para proteger la reproducción de la especie en el cuerpo de agua.

Según él, “hacer un reporte negativo sobre el consumo del pez es positivo para quienes viven de la pesca deportiva, porque no lo pescan para comer, sino para capturarlo, medirlo, fotografiarlo y liberarlo. Así los ejemplares crecen y se hacen más difíciles de pescar”.

En contraste, quienes pescan para consumo suelen optar por especies tradicionales de la región como trucha, bocachico, yamú, hocicón o pataló.

El fenómeno observado en los ojos del tucunaré responde a un mecanismo del parásito: busca dañar la visión del pez para hacerlo más vulnerable a las aves que lo cazan.

Una vez consumido, el ciclo se reinicia con la materia fecal del ave que vuelve al caracol, cerrando el proceso.

Serrano aclaró que el único riesgo para humanos sería el llamado “zarpullido del nadador”, una irritación cutánea que ocurre al nadar en aguas contaminadas, pero no por consumo.

El experto también contextualizó el hallazgo dentro de la dinámica de las especies invasoras.

“Ecosistémicamente estamos viendo cómo las especies invasoras se mueren de enfermedades microscópicas. En este caso, a pesar de que es fácil de ver, es microscópico, pero se van a ver afectados porque se tienen que morir de algo”, remarcó.

La recomendación para la población es clara, aplicar métodos de cocción adecuados, conservar el pescado en frío o salmuera y evitar el consumo crudo.

Serrano comparó la situación con lo que ocurrió en Colombia con la carne de cerdo y el cisticercus: la solución fue reforzar los procesos de cocción y conservación, garantizando seguridad alimentaria.

El Tiempo también contactó a Edgar Lizarazo, pescador de la zona, quien indicó que este tipo de gusanos aparece es por temporadas.

Supone que puede ser por cambio de agua o por una reacción de la misma especie.

Lizarazo dice que él como pescador se la pasa capturando ese pez y asegura que, aunque no es especializado en el tema, no hace daño para el consumo humano.

“Hoy en día que el 80% ya reina esa especie, quedan otras, pero yo pesco cualquiera y el tucunaré es el que más abundan. Hay algunos que salen delgados, flacos, parecen enfermos, pero esos son condiciones de los peces. El que reina es el bocachico, es el más gustoso, y ese también tiene su gusano, esa sí lo trae en el cuerpo y no se da ni cuenta, no lo digo por temor, sino que sucede normalmente”, dice el pescador.

Indica que cada especie tiene su bacteria, según las condiciones del agua. Puso como ejemplo al bocachico que le aparece en la carne, en la piel el gusano conocido como palometa, es un gusano blanco y está en espacios no profundos, pero aclara que poco a poco se va desapareciendo y hace su propio proceso de limpieza.

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