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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Abr 3, 2026 - 12:57 pm

El destino trazó una línea invisible y cruel en el peaje de Casablanca, en la vía que comunica a Zipaquirá con Ubaté. Lo que para la familia Pereira Garcés era un viaje de amor y reencuentro tras el plan éxodo de Semana Santa, terminó en una de las tragedias viales más recordadas de este 2026. Cinco integrantes de este hogar, oriundos del corregimiento de Vado Real, en el municipio de Suaita (Santander), perdieron la vida cuando un tractocamión sin frenos embistió su vehículo, provocando una explosión que no les dio oportunidad de escapar.

En el departamento de Santander el dolor es absoluto. Las víctimas han sido plenamente identificadas como Rosalba García Ríos, Amanda Pereira Garcés, Adelaida Pereira Garcés, Freddy León y el pequeño Juan Pablo León. Eran personas recordadas en su pueblo natal como gente humilde, trabajadora y, sobre todo, extremadamente servicial. Habían salido de Suaita hace años hacia Bogotá con el firme propósito de salir adelante, pero jamás cortaron el cordón umbilical que los unía a su tierra roja.

El motivo del viaje era el más noble de todos: visitar a Daniel Pereira, el patriarca de la familia, un adulto mayor de 80 años que vive solo en Santander. Hacía apenas un mes, toda la familia se había reunido en la capital del país para celebrarle el cumpleaños al abuelo, y en esta Semana Santa querían repetir el encuentro en su casa de Vado Real para hacerle compañía durante los días de reflexión.

En medio del horror, surge una historia que raya en lo milagroso y lo trágico a la vez. Héctor, uno de los hijos de Daniel, se salvó de morir en el siniestro por una decisión de minutos. Él había decidido salir de Bogotá un poco más temprano que el resto de sus familiares. Mientras sus hermanas y sobrino hacían la fila en el peaje donde ocurrió la explosión, Héctor ya se encontraba kilómetros adelante, específicamente en el municipio de Barbosa, Santander.

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Fue allí, a punto de llegar a la casa de su padre, donde recibió la noticia que le cambió la vida para siempre. Tras enterarse del accidente a través de redes sociales y llamadas desesperadas, tuvo que cumplir con la labor más difícil que un hijo puede enfrentar: sentarse frente a su padre de 80 años y contarle que sus hijas y su nieto ya no llegarían a los brazos de su abuelo, sino que habían partido hacia la eternidad.

Daniel Pereira, quien ya había sufrido la pérdida de un hijo por dengue hace cinco años, hoy enfrenta un duelo que parece insuperable. Sus vecinos en Suaita relatan que la familia era el motor de su vida. Aunque la madre de los hermanos Pereira se había mudado a Bogotá para ayudar a sus hijos, Daniel se negó a dejar su pueblo, y por eso sus hijas viajaban periódicamente para no dejarlo solo.

“Eran una familia muy unida, humilde y amorosa. Siempre se reunían para Navidad y fechas especiales. En Bogotá les habían celebrado los 80 años al señor Daniel hace poquito”, relató Estela, una vecina cercana a la familia que habló con El Tiempo. Tras conocerse la tragedia, Héctor trasladó a su padre de regreso a Bogotá para que pudiera despedirse de sus seres queridos antes de que sean trasladados nuevamente a Santander para su sepelio.

El alcalde de Suaita ha declarado el luto en el municipio y ha enviado un mensaje de fortaleza a Daniel y a los sobrevivientes de este clan que, por un fallo mecánico ajeno a ellos, se desintegró en segundos bajo el fuego de un peaje. Esta historia no es solo una estadística de tránsito; es el recordatorio de una familia que, por amor a su viejo, emprendió un viaje del que nunca regresó.

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