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Escrito por:  Julian Bermúdez
Editor     Feb 7, 2026 - 1:02 pm

Los más recientes intercambios en redes sociales entre Abelardo de la Espriella y Vicky Dávila encendieron las alarmas en el escenario político de la derecha colombiana. En medio de la contienda electoral y a pocas semanas de la consulta interpartidista, el abogado y precandidato presidencial respondió de forma directa y alineada a un mensaje publicado por la periodista, en lo que muchos interpretaron como un gesto claro de acercamiento político.

Dávila escribió en X: “Vamos a ganar #LaGranConsulta pero vamos a ser responsables con el país si nos toca juntarnos para derrotar a Iván Cepeda nos juntamos. No podemos cometer el error de los venezolanos que tardaron 27 años en empezar a recuperar su país”. Minutos después, De la Espriella replicó: “Así es, Vicky: el único enemigo de la democracia, la libertad y la institucionalidad es Cepeda. ¡Hay que derrotarlo!”.

El mensaje no pasó desapercibido. Para muchos sectores políticos, no se trató solo de una coincidencia discursiva, sino de una señal política calculada. El tono, el respaldo público y la sintonía en el mensaje marcaron un contraste con la tensión que durante meses ha caracterizado la relación entre ambos precandidatos. En la práctica, el cruce de mensajes fue leído como un intento de reconciliación estratégica, justo cuando se acerca el momento decisivo de las alianzas y definiciones electorales.

El contexto no es menor: Vicky Dávila ha sido una de las figuras más críticas frente a Abelardo de la Espriella dentro del espectro opositor, aunque ambos son de derecha. De hecho, ha sido ella quien más cuestionamientos públicos ha hecho sobre su entorno político, sus relaciones personales y profesionales, y su idoneidad ética para aspirar a la Presidencia. Por eso, el gesto del abogado —conciliador, directo y sin confrontación— sorprendió incluso a sectores que siguen de cerca la contienda.

El distanciamiento entre ambos no es reciente ni superficial. Se fue construyendo en varios frentes. Uno de los más fuertes se dio cuando Dávila empezó a insistir públicamente en la necesidad de transparencia de De la Espriella sobre sus vínculos con los hermanos Daniel y Andrea Peñarredonda, personas que, según la periodista, tendrían conexiones documentadas con el entorno de Álex Saab, señalado testaferro de Nicolás Maduro. Desde su cuenta de X, la precandidata lanzó preguntas directas sobre esos vínculos, exigiendo explicaciones claras al abogado por su cercanía profesional con Daniel Peñarredonda, quien fue socio de su firma, y por la relación de Andrea Peñarredonda con Camila Fabri, esposa de Saab.

(Vea también: “En 20 años no me hiciste un reproche”: De la Espriella, a Vicky, por acusarlo de defender criminales)

Estas acusaciones generaron una ruptura pública. De la Espriella respondió en entrevistas y espacios mediáticos defendiendo su relación profesional con su exsocio, pero rechazando cualquier vínculo con los problemas judiciales o políticos del entorno Saab. Sin embargo, el tono del debate escaló y consolidó una distancia política y personal entre ambos.

A esto se sumó el choque por la consulta interpartidista. Dávila criticó duramente la decisión de De la Espriella de no participar en la consulta promovida por el expresidente Álvaro Uribe, señalando que su postura terminó “dividiendo a la derecha” y debilitando la posibilidad de una candidatura unificada. En entrevista con Semana, afirmó que Abelardo “llegó a dividir”, no solo a la derecha, sino a la oposición en general, lo que profundizó la fractura política entre ambos.

Paradójicamente, ahora es De la Espriella quien parece buscar el acercamiento. A un mes de la consulta, el abogado ha bajado el tono confrontacional y ha empezado a construir puentes discursivos con sectores que antes lo cuestionaban, incluyendo el entorno de Dávila. Mientras ella ha mantenido una postura crítica constante hacia él, él ha optado recientemente por un lenguaje más conciliador, priorizando los enemigos comunes y el discurso de unidad frente al petrismo y al bloque de izquierda.

El intercambio de mensajes no implica una alianza formal, pero sí envía una señal política clara: De la Espriella entiende que sin acuerdos, la fragmentación de la derecha puede costar caro en las urnas. Y Vicky Dávila, aunque no ha moderado sus críticas de fondo, también deja abierta la puerta a un escenario de convergencia bajo el argumento de una causa mayor: derrotar a sus adversarios ideológicos.

Por ahora, no hay reconciliación oficial, pero el gesto existe. Y en política, los gestos importan. Más aún cuando se producen en el momento exacto en que las alianzas empiezan a definir quiénes llegan realmente con opción de poder a la recta final de la contienda presidencial.

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