Veinticuatro horas después del violento terremoto de 7.4 grados de magnitud que sacudió a Colombia en la mañana del lunes 10 de agosto de 2026, la tragedia continúa revelando sus capítulos más desgarradores a medida que los organismos de socorro avanzan en las labores de remoción de escombros y atención médica en los departamentos del Valle del Cauca, Chocó, Risaralda y Caldas. El presidente de la República, Abelardo De La Espriella, confirmó en un nuevo balance oficial que la cifra de víctimas fatales aumentó de manera alarmante a 134 personas fallecidas, mientras que el número de heridos ya supera los trescientos en todo el territorio nacional, evidenciando la magnitud histórica de la emergencia que mantiene al país bajo el régimen de desastre nacional.
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Uno de los puntos geográficos más golpeados y en donde el dolor se ha concentrado de manera implacable es el municipio de Calima El Darién, situado al norte de Cali y cercano al departamento del Chocó, epicentro original del movimiento telúrico. En esta localidad, la furia de la tierra provocó el colapso masivo de numerosas viviendas, edificaciones de carácter institucional, sedes bancarias, la emblemática parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro —cuyos escombros sepultaron por completo el parque principal— y varios centros educativos, dejando una estela imborrable de desolación.
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En diálogo con los medios de comunicación, el alcalde del municipio, Antonio Cadavid, entregó el balance oficial de la catástrofe local, confirmando que cuatro menores murieron inicialmente en el sitio y otros dos fueron remitidos de urgencia con trauma craneoencefálico grave, mientras decenas de pacientes hospitalizados debieron ser evacuados hacia otras ciudades. Según el reporte, al menos 43 casas quedaron totalmente destruidas y otras 236 presentan afectaciones parciales graves, sumadas a los daños estructurales sufridos por el hospital local, la alcaldía, la tesorería, las estaciones de bomberos y la defensa civil, además de seis instituciones educativas colapsadas. El mandatario local detalló que el colegio Gimnasio Calima, en su sede María Inmaculada, se vino al piso por completo, convirtiéndose en el epicentro de la tragedia infantil.
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Registros médicos ingresados al servicio de urgencias del hospital San Jorge de Calima El Darién detallan el ingreso de 62 pacientes con politraumatismos severos, fracturas de clavícula, caderas y extremidades, de los cuales treinta eran menores de edad. La Unidad Investigativa estableció plenamente las identidades de cuatro de los niños que perdieron la vida en el lugar : Jesús Muñoz Quinceno, de 6 años; María José Lozada Torres, de 5 años; Emanuel Bastidas Arredondo, de 6 años; y Anthony Ríos Gómez, de 8 años, este último fallecido trágicamente mientras era transportado de urgencia hacia el municipio de Buga en un vehículo particular, según informó El Tiempo.
Por su parte, la rectora de la institución educativa afectada, María Elizabeth Álvarez, confirmó que entre veinte y veinticinco niños resultaron heridos de gravedad, siendo evacuados de emergencia hacia centros asistenciales en Cali y Tuluá. Asimismo, la directiva confirmó con profundo dolor el fallecimiento de otra menor de edad, elevando a cinco el total de estudiantes de primer y segundo grado que perdieron la vida tras el desplome del colegio.
La emergencia humanitaria no da tregua en el occidente del país. Las autoridades locales y departamentales mantienen activas las recomendaciones de prevención, instando a la ciudadanía a resguardarse, tener a la mano un kit de seguridad y mantenerse en máxima alerta ante la alta probabilidad de que se sigan registrando réplicas sísmicas durante las próximas setenta y dos horas. A este panorama desolador se suma el luto que embarga también al municipio chocoano de Bahía Solano, donde se confirmó la dolorosa muerte de Mateo, el hijo del alcalde local, de tan solo seis años de edad, convirtiéndose en otra de las jóvenes víctimas de un sismo que ya ocupa las páginas más tristes de la historia nacional.