El caso fue detectado por primera vez desde que la bebé Itzamara estaba en el vientre de Mónica Vega, su madre. Esto convierte su caso en algo único en el mundo, pues el diagnóstico suele hacerse después del alumbramiento, de acuerdo con Los Informantes, el programa que visibilizó la historia.

La criatura nació por cesárea a las 37 semanas, pues los médicos prefirieron no esperar a las 40 para evitar que el feto en su interior continuara creciendo y afectara otros órganos.

Aunque parecía sana, la bebé fue inmediatamente sometida a una ecografía para determinar en definitiva si había comprometido otras partes de su cuerpo. Tan solo 24 horas después de nacer, fue sometida a su propia cesárea para sacar a su gemelo.

Este nació con saco amniótico, cordón umbilical, huesos y extremidades, pero sin corazón ni cerebro.

De acuerdo con el programa, los gemelos se forman al dividirse la célula después de la primera semana, y si es después de la segunda serán siameses, lo que ocurre a razón de una vez cada 200.000 casos. En esta ocasión, la célula se dividió después del día 17.

Con este panorama, Itzamara bien puede darse por bien servida, pues el procedimiento para separarla de su gemelo fue mucho más sencillo que si hubieran sido siameses.