Mar 23, 2026 - 4:07 pm

La consagrada actriz Vicky Hernández abrió su corazón en una conversación íntima con la periodista Martha Beltrán en el pódcast ‘La habitación Invisible’ de Citytv.

Allí, la artista no solo agradeció a la comunicadora por conocer a fondo su historia, sino que también revivió uno de los episodios más dolorosos de su vida: el exilio forzado que tuvo que enfrentar en España tras recibir amenazas de muerte en Colombia.

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¿Qué le pasó a Vicky Hernández en el exilio?

Hernández recordó que aquel momento estuvo marcado por el desconcierto y una profunda carga emocional.

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“Primero fue una etapa de negación. No podía aceptar lo que estaba pasando. Era una rabia infinita: ¿quién me saca de mi país, de mi lugar, de mis hijos, de mi trabajo?, ¿por qué?”, dijo con rabia.

Para la actriz, ese sentimiento de negación era también una forma de no entender la realidad que la obligaba a abandonar todo lo que amaba. La angustia era tal que, según relató, en varias ocasiones se sentaba en una acera en España a llorar al ver niños de la edad de su hijo Juan Sebastián, lo que le recordaba la dolorosa separación.

Durante los primeros meses, la experiencia estuvo atravesada por la rabia. “Odiaba España, odiaba a los españoles, odiaba la comida, todo me parecía terrible. Fue estapantoso”, expresó con honestidad.

Sin embargo, con el paso del tiempo, ese sentimiento fue transformándose gracias a los actos de solidaridad que recibió. La actriz destacó que muchas personas le tendieron la mano de manera desinteresada, brindándole apoyo emocional y económico en momentos críticos.

“Me pasaron cosas extraordinarias, de una generosidad y una bondad que yo no podía creer”, aseguró.

Uno de los aspectos más difíciles del exilio fue la distancia con sus hijos. Hernández contó que hablaba con ellos todos los días por teléfono, lo que le provocaba un fuerte impacto económico.

“Me gastaba dinerales, fue un desajuste total”, recordó. Aun así, esas llamadas eran su único consuelo en medio de la soledad.

Entre las anécdotas que relató, mencionó una visita a La Alhambra junto a una amiga. Allí vivió un episodio que la marcó profundamente: un grupo de mujeres colombianas, oriundas de Pereira, la reconocieron y, al verla afectada, comenzaron a ayudarla sin que ella lo pidiera.

Le ofrecieron gafas oscuras para ocultar el llanto, ropa y hasta comida. “Cada vez que me preguntaban qué hacía allá, me ponía a llorar, y ellas me decían: ‘toma estas gafas’, ‘yo te doy este saco’, ‘te invitamos a comer’”, relató conmovida. Incluso, en varias ocasiones recibió dinero de personas que apenas conocía, gestos que nunca olvidará.

También recordó cómo, gracias a encuentros fortuitos, logró construir una red de apoyo con otros colombianos en España, incluyendo azafatas que le llevaban productos típicos como bocadillos y arequipe, ayudándola a mantener un vínculo con su país.

La actriz evocó el momento en que su vida cambió abruptamente. Se encontraba trabajando en una obra de teatro junto a la recordada Margalida Castro cuando comenzaron las amenazas, aunque inicialmente no fue consciente de la gravedad.

Durante uno o dos días siguió actuando sin saber que su vida corría peligro. Fue después, al llegar al aeropuerto, cuando su esposo, Gerardo Calero, padre de Juan Sebastián Calero, le reveló la situación mostrándole titulares de prensa en los que aparecía en una lista de personas amenazadas de muerte.

En ese listado también figuraban reconocidos personajes como Carlos Vives, y se mencionaba que varios de los incluidos ya habían sido asesinados en cuestión de días.

Ante ese panorama, y pese a los intentos de buscar protección con distintas entidades, la conclusión fue contundente: no había garantías reales de seguridad. “Le pueden poner chaleco, pero si le quieren disparar en la cabeza, lo harán”, le dijeron.

Con apenas una cartera y cinco libros, Hernández abordó un avión rumbo a España, dejando atrás su vida, su familia y su carrera. Permaneció nueve meses en el exilio, una etapa que, aunque dolorosa, también le permitió descubrir la solidaridad humana en medio de la adversidad.

Su testimonio, cargado de emoción, evidencia no solo la crudeza de aquellos años en Colombia, sino también la resiliencia de una mujer que logró sobreponerse a uno de los capítulos más difíciles de su historia.

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