May 31, 2026 - 8:17 pm

Por tercera vez consecutiva, Sergio Fajardo falla en su intento de llegar a la presidencia de Colombia. La buscó en las elecciones de 2018, cuando alcanzó el tercer lugar; en las de 2022, en las que quedó de cuarto, y ahora en las de 2026. En el imaginario popular, y quizá en el subconsciente del profesor de matemáticas, debió haber estado bailando esa vieja sentencia según la cual la tercera es la vencida, que, como queda probado, no siempre se cumple.

Con base en ella, muchos hacen un tercer esfuerzo al que le confían el futuro de sus retos o proyectos. Hacen esa cuenta para darse fuerzas ante la cruda realidad que luce desfavorable, sobre todo marcada por el negativo resultado de los dos intentos iniciales. La idea de que la tercera es la vencida tendría origen en la milicia romana, en la que había una primera fila de soldados del pueblo armados a la ligera, una segunda formada por soldados de más mérito, y la tercera en la que iban los más valerosos y veteranos. De ahí surgió la costumbre de decir, cuando se hacía el último esfuerzo: “A las tres va la vencida”. Otros sostienen que la expresión se origina en la lucha cuerpo a cuerpo que va a tres caídas.

Como sea, para Fajardo la tercera no fue la vencida. Hubo un fallo en esa suerte de regla de tres intentos que, si bien se cumple en algunos casos marcada más por el azar, por lo general solo sirve para dar (o darse) aliento, entusiasmo, ánimo, valor, energía, con el fin de arriesgarse a un tercer intento, de dar un tercer empujón. En sus tres tentativas, Fajardo persistió en ganar caminando por el centro y rechazando los extremos. Y en eso también falló: quedó demostrado que hizo un mal cálculo político, leyó mal la realidad de polarización que vive el país desde hace años, y eso terminó pasándole por encima.

Fajardo se cuidó demasiado de no contaminarse con los extremos políticos y apuntó a la amplia mayoría que se mueve por el centro. Fue tan escrupuloso que ni siquiera aceptó participar en un debate con Claudia López, que también reclamaba ser de centro. Incluso, rechazó aproximarse a Paloma Valencia, que había recogido sectores del centro. Le aceptó un café, pero para mostrarle al país que la aguja de su brújula, que solo marca el centro, no se había movido ni un ápice en vísperas de las elecciones.

Lee También

El exalcalde de Medellín (2004-2007) y exgobernador de Antioquia (2012-2016) se propuso construir lo que denominó “una nueva mayoría” que incluiría a la izquierda y la derecha moderadas. “El proyecto político nuestro, lo que representamos, tiene esa característica”, decía con frecuencia. “Adelante con Fajardo. Nosotros no podemos volver al pasado ni quedarnos en este presente”, insistía con tono visionario, mientras esos extremos que criticaba eran impulsados por fuerzas que parece no haber visto venir Fajardo.

En las encuestas, Fajardo prácticamente nunca repuntó. Sus números en las encuestas cayeron de un 10% a oscilar entre el 2% y el 4%, hundido en un cuarto puesto, lugar del que no pudo salir. En los momentos anteriores cuando intentó ser candidato presidencial nunca había aparecido con una intención de voto como la que tuvo en estas elecciones. A pocas semanas de la primera vuelta presidencial, las cuentas ya no le daban, pero él persistía y seguía con su idea de querer “hablar con los indecisos”. Sin embargo, la gente ya había tomado una decisión. En eso también falló el cálculo político de Fajardo.

Además, no haber participado en la consulta a la que lo invitó Claudia López lo privó de al menos dos meses de exposición mediática. En ese lapso, los reflectores estuvieron puestos sobre los candidatos que sí aceptaron las consultas, lo que les dio una ventaja enorme en términos de visibilidad. Fajardo se metió por su decisión en un periodo de sombra.

“Quién dijo que la forma única de medirse era esa [la de la consulta]. Es que yo ya he participado”, decía Fajardo para justificar su ausencia de las consultas. “Yo llevo midiéndome desde el año 2000. Cuando empezamos con cero por ciento en las encuestas en Medellín, de a pie, repartiendo volantes y yo quedé de tercero. Y mire cómo vamos para presidente. He participado en todas las formas. He estado en la política. He participado y he mantenido una línea, y he sido derrotado y hemos ganado, y hemos mantenido una forma de hacer la política”. Pero la coherencia que pretendía resaltar no la considera tanto el electorado.

En las calles y en foros cerrados, Fajardo siguió diciendo cosas como “La unión es una mayoría en Colombia que no está afiliada en un bando o en otro bando que han sido protagonistas de una polarización grande en nuestro país. Nosotros representamos otra expresión política: una expresión de la política cívica que sabe construir, que tiene unos principios sobre los cuales enfrenta las discusiones, que sabe dar respuestas, que ha gobernado, que ha demostrado cómo se puede gobernar, es diferente. Cada quien tendrá su espacio. Nosotros vamos por este camino que estamos recorriendo; el camino es largo además”.

También insistió que no iba a hacer parte de la polarización, y buscaba que el electorado viera en su campaña de este 2026 la ola verde que movió en 2010 Antanas Mockus. “Este es el capítulo 2026 de la ola verde, de una forma distinta de la política que es lo que necesita nuestro país hoy”, decía. “Ya vimos la polarización, ya vimos el gobierno del señor Duque, mal gobierno, estamos viendo el mal gobierno del señor Petro, y llegó el momento de este gobierno y es lo que necesita Colombia, porque otro paso más en esta polarización, yo le digo lo que puede ocurrir en nuestro país, y no va a pasar porque el reto político y al que estamos enfrentando”.

Pero esos esfuerzos legítimos de seducir al centro y a los indecisos no consiguieron su objetivo. Colombia está decididamente partida en dos y el momento histórico parece no estar listo aún para superar esa circunstancia.

* Pulzo.com se escribe con Z