Antes de la primera vuelta presidencial, la suerte de Abelardo de la Espriella era incierta. Las encuestas apenas sugerían que, si acaso, pasaría a segunda vuelta para disputarle la presidencia de Colombia —según esos mismos sondeos— al hasta ese momento imbatible Iván Cepeda. La realidad mostró otra cosa, así el presidente Gustavo Petro se empecine en ponerlo en duda. Ahora, en el camino a la segunda vuelta, pareciera que todo se alinea, hasta el mismo oficialismo, para instalar a toda costa al ultraderechista en la Casa de Nariño. En este momento crucial de la campaña, cada acción ejecutada para atajarlo parece más un empujón.
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Primero fue la negativa del presidente Petro, en el cierre del preconteo de los votos, a reconocerlo. Dijo que esperaría al escrutinio. En Colombia, como quedó probado también esta vez, la diferencia entre preconteo y escrutinio se mueve por el 1 %. Es insignificante. Pese a eso, Petro rompió la tradición demócrata del país, en donde, primero, ningún mandatario se mete con el conteo, y segundo, nunca lo han rechazado. Pero lo hizo, sin tener facultad constitucional para eso, y arrastró a su candidato Cepeda a decir lo mismo, aunque al día siguiente suavizó su postura y ocho días después reconocería abiertamente su derrota, en una clara postura opuesta a la de su jefe político.
Como un ingrediente adicional en un plato mal presentado, el presidente Petro dijo que se pondría al frente de la campaña de Cepeda, lo cual dejó un mal sabor. El golpe a la imagen de Cepeda fue evidente porque le colgó la etiqueta de incapacidad para conducir su propia campaña. El mensaje de división en la izquierda fue inocultable.
Buscaron quitarle camiseta de Selección Colombia
Además, la actitud del mandatario de insistir en un fraude provocó un rechazo generalizado que lo mostró a él, a Cepeda y al progresismo no solo como malos perdedores, sino irrespetuosos de las instituciones y de las autoridades y el proceso electoral, pese a que incluso hubo más de 1.200 observadores internacionales, todos los cuales validaron el proceso y certificaron con no hubo fraude. Pero el jefe de Estado ha seguido insistiendo en lo mismo, y mantiene el tema peligrosamente calientito para la segunda vuelta.
Después vino la queja de Cepeda ante la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) porque De la Espriella usaba la camiseta de la Selección Colombia, más una tutela acogida por una jueza de Bogotá que le prohibió lucirla. Ese hecho, justo cuando el país está en modo Mundial, provocó una segunda oleada de rechazo contra la medida restrictiva que buscaba afectar a De la Espriella. Sin embargo, el ultraderechista y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, se empoderaron y en todos los actos en que aparecen en público visten la camiseta.
El hecho les ha permitido a los enemigos de la izquierda señalarle la incoherencia en la figura del presidente Petro que, como candidato, se puso la camiseta de Colombia. Otro cambio de postura que se le ha reprochado al progresismo es su decisión, después de perder la primera vuelta, de suspender el proceso de convocatoria a una asamblea constituyente. Eso trajo a la memoria las veces que el presidente Petro, como candidato, dijo que no la convocaría, pero pasó buena parte de su gobierno intentándolo. Hoy se duda de que Cepeda no quiera realmente tocar la Constitución. La desconfianza está sembrada.
En simultánea, muchos colombianos no admiten que a los ganadores de la primera vuelta se les conculque el derecho que tienen todos los ciudadanos de vestir la emblemática prenda. Pero ahora llegó la decisión del Tribunal Superior de Bogotá que, también como respuesta a una tutela, le ordena a De la Espriella retirar la propaganda donde se empleen símbolos patrios como la bandera de Colombia, el escudo y demás figuras representativas de la Nación, imágenes alusivas a las instituciones militares y policiales, el saludo y emblemas representativos de las entidades castrenses, así como el uso de las oraciones “firmes por la patria” y “defensores de la patria”.
A primera vista pareciera que, efectivamente, los opositores de De la Espriella están consiguiendo despojarlo, por fin, de la camiseta de la Selección y de otros símbolos patrios, que les pertenecen a todos los colombianos. Pero, en esa misma medida, le están poniendo el vestido de víctima, no solo del oficialismo, sino de la misma justicia. Le están dando la oportunidad política de capitalizar los ataques en su contra, que lucen torpes, sin el más mínimo cálculo político.
Un presidente fungiendo de candidato no ayuda
Ahora falta ver cómo va a hacer la justicia si los seguidores de De la Espriella le hacen caso y posicionan en sus redes sociales las imágenes y frases insignias de su proyecto político. “Cada celular, cada camiseta de la Selección que usen, cada video que suban diciendo ‘Firmes por la patria’ es un grito de libertad”, les dijo este martes en la Palza de la Aduana, en Cartagena. “Cada vez que compartan a los defensores de la patria estarán siendo parte de este movimiento libertario que está derrotando a los de siempre, a los criminales que hoy nos gobiernan”.
“Compartan nuestros símbolos, nuestro himno y nuestro mensaje. Que nadie pueda silenciar la voz de millones de colombianos que quieren una patria distinta. Mientras damos la batalla jurídica, ustedes ayúdenme a que este movimiento siga creciendo en cada rincón del país”, agregó. Si eso pasa, De la Espriella no tendrá la necesidad ya de decir nada de eso porque habrá conseguido que la gente se apropie de su mensaje. Puede silenciar tranquilo las frases que le prohíbe el Tribunal. Pero si millones de colombianos dicen y hacen lo que le impiden al candidato, no habrá fallo judicial que valga.
Ahora, De la Espriella tiene dos caminos, ambos favorables: muestra acatamiento sin reparo a la decisión judicial y, con eso, sometimiento a la institucionalidad, buscando revertir la decisión del Tribunal en el marco de las leyes; o desacata y se hace meter preso, lo cual dispararía la solidaridad por su causa, porque lo privarían de la libertad por lucir con orgullo los colores patrios.
Eso lo tiene en el centro de la discusión pública. Sigue acaparando titulares y menciones en medios de comunicación y plataformas digitales: la gente debate si es justo o no lo que le ocurre, y eso lo hace estar en boca de todos, para bien o para mal, el escenario ideal en el que los mejores estrategas políticos sueñan poner a sus candidatos. Compite con el presidente Petro, que no deja de gritar en X o en plazas públicas, contra todo y por todo, llevando hacia él los otros focos que quedan disponibles. Hoy el país solo ve a De la Espriella y a Petro.
Mientras tanto, Cepeda, en la penumbra de su campaña, no supera las fronteras de sus propias huestes, buscando compensar el crítico desnivel que enfrenta con apariciones, quizá tardías y evidentemente oportunistas, en los medios que rechazó, o planteando los debates que antes eludió. A escasos once días de la segunda vuelta, con el presidente a la cabeza fungiendo de candidato, todo parece conspirar para meter a empujones a De la Espriella en la Casa de Nariño.
Quién es y qué propone Abelardo de la Espriella
Este es el perfil de 'outsider' colombiano que obtuvo más de 10 millones de votos en la primera vuelta a la presidencia. Tiene una experiencia como abogado y nunca ha estado en un puesto de representación pública, pero ha logrado conectar con los colombianos como no lo han hecho muchos políticos de trayectoria. Esto es lo que que propone Abelardo de la Espriella:
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