El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
En las plazas de mercado colombianas es común encontrar habichuela, arveja y haba compartiendo espacio y similares aplicaciones en distintas recetas. Sin embargo, aunque muchas veces se confunden o se piensa que se trata de variantes de un mismo alimento, son tres plantas botánicas diferentes, cada una con características propias en cuanto a su vaina, semillas, sabor y manera de consumo. Conocer estas diferencias no solo ayuda a reconocerlas en una visita al mercado, sino que enriquece la elección de ingredientes en la cocina y permite aprovechar mejor sus beneficios.
La habichuela, cuyo nombre científico es Phaseolus vulgaris, corresponde a una planta de crecimiento trepador o arbustivo. Es de la misma especie que el fríjol, pero la distinción radica en el punto de cosecha: la habichuela se recoge cuando la vaina aún está verde y tierna, mientras que el fríjol se cosecha solo cuando sus semillas maduran. Se consume la vaina entera, de textura carnosa y crujiente, y se distingue por su sabor suave. De acuerdo con el Jardín Botánico de Bogotá, su principal uso es en la alimentación, ya sea cocida, al vapor o salteada. Además, la habichuela resalta por sus aportes en fibra, minerales como calcio, hierro, zinc, fósforo y vitamina C. Incluso, desde la tradición se reconocen usos medicinales, destacando sus propiedades diuréticas y antidiabéticas.
Por su parte, la arveja —también conocida como guisante o chícharo— pertenece a la especie Pisum sativum y es una planta anual. Produce vainas alargadas dentro de las cuales se desarrollan semillas redondas que suelen consumirse frescas o secas. La planta posee tallos delgados y zarcillos que le permiten enredarse para crecer. Según el Jardín Botánico de Bogotá, sus semillas, ricas en fibra, minerales y vitaminas A y C, se utilizan en sopas, guisos y ensaladas. También existen variedades cuya vaina puede comerse entera, como la arveja china.
El haba, por último, proviene de la especie Vicia faba y se distingue por sus vainas gruesas y semillas más grandes y aplanadas. La planta es herbácea y, dependiendo de la variedad, se usa tanto para consumo humano como animal. Las semillas verdes y frescas se incorporan en guisos, ensaladas o sopas. Datos del Jardín Botánico de Bogotá confirman que el haba se aprovecha principalmente por su fibra, hierro y vitamina C, esenciales para la digestión, la salud de los huesos y la producción de energía.
Estas tres leguminosas enriquecen la dieta tanto por su variedad de texturas y sabores como por su aporte en nutrientes, y conocer sus diferencias resulta esencial para su aprovechamiento en la cocina.
¿Cuál es la diferencia entre habichuela, arveja y haba en la cocina colombiana?
Cada una de estas leguminosas proviene de una especie diferente y se distingue por el tipo de fruto y la parte que se consume: en la habichuela se aprovecha la vaina entera y tierna, mientras que en la arveja y el haba suelen usarse solo sus semillas, aunque algunas variedades de arveja permiten consumir toda la vaina. Su textura, sabor y valor nutricional varían, aportando opciones distintas a las recetas tradicionales.
¿Qué nutrientes aportan la habichuela, la arveja y el haba según el Jardín Botánico de Bogotá?
De acuerdo con el Jardín Botánico de Bogotá, estas leguminosas comparten la presencia de fibra, importante para el tránsito intestinal, además de minerales como hierro, calcio, fósforo y, en el caso de la habichuela, zinc. También son fuente de vitaminas esenciales como la vitamina C y A, lo cual favorece diversas funciones corporales relacionadas con el sistema digestivo, el sistema inmunológico y la formación de huesos y glóbulos rojos.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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