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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Ene 8, 2026 - 11:49 am

El presidente Gustavo Petro puede mostrarse ante sus seguidores como un jaguar. Tiene derecho a eso en esta parte del hemisferio. Pero, a la luz de la tradición política estadounidense, el mandatario colombiano está a unos pocos meses de convertirse en un simple ‘pato cojo’. Transita por la parte final de su mandato, una etapa en la que, más que gobernar, se está empleando a fondo —especialmente agitando sus bases con manifestaciones públicas— para que su proyecto político continúe a través de Iván Cepeda. ¿Por qué querría entonces hablar Donald Trump con el saliente presidente de Colombia?

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En Estados Unidos, la denominación ‘pato cojo’ no alude de manera irrespetuosa a la persona de un mandatario saliente. Es el apelativo de una condición en el ejercicio del poder que tiene una profunda raigambre en ese y otros países. La expresión ‘pato cojo’ o ‘pato rengo’ se les aplica a quienes ocupan cargos directivos, especialmente a los presidentes, y ya tienen sucesor. Lo de pato, porque no consigue llevar el ritmo de la bandada a la que pertenece. Lo de cojo o rengo, por las limitaciones para desempeñarse (andar) con la plenitud de sus facultades (en el caso del ave, físicas; en el caso de un presidente, políticas).

Esos mandatarios son llamados así desde el momento en que se conoce el nombre de su reemplazo y la fecha en que se produce la transmisión del poder. En el caso de Petro, el nombre de su sucesor se conocerá, en el mejor de los casos, en mayo próximo, o máximo en junio, en la segunda vuelta presidencial. El jefe de Estado colombiano estará plenamente en la condición de ‘pato cojo’, según la tradición estadounidense, entre esas fechas y el siete de agosto, día en que debe entregar el poder. Pero desde ya en el Palacio de Nariño, un sitio que dice aborrecer, debe sentir de manera más acentuada esa condición de inquilino que debe desocupar el inmueble porque el contrato está llegando a su fin.

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En la práctica, es cada vez menor el margen de maniobra del presidente Petro. Por eso, llama la atención la invitación que le hizo Trump a hablar en la Casa Blanca. La tradición estadounidense también indica que es más común que Washington invite a los presidentes de otras naciones al comienzo de sus mandatos y no en su término. El propósito es establecer reglas de juego, y anticipar y diseñar cómo serán las relaciones con los gobiernos que apenas empiezan, antes que evaluar y tratar de corregir las administraciones que están terminando. En todo caso, la comunicación telefónica y la invitación de Trump a Petro constituye una de las mejores noticias para Colombia en los últimos meses de agrietamiento en las relaciones entre los dos países.

Dificultades para encuentro entre Trump y Petro

Otra cosa es que ese encuentro se materialice en el corto plazo. La cancillería colombiana y el embajador en Washington deberán trabajar a todo vapor para conseguir que el encuentro se incluya en la apretada agenda de Trump, marcada, entre muchos otros asuntos, por el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), que tendrá lugar entre el 19 y el 23 de enero, las negociaciones para alcanzar el fin de la guerra de Rusia contra Ucrania, la consolidación de su plan de paz en Gaza, sus intenciones de hacerse con Groenlandia y el tratamiento que dará a México por relevar a Venezuela como principal abastecedor de petróleo para Cuba.

En el ámbito interno, la agenda de Trump también resulta muy apretada. Completa su primer año de gobierno y debe preparar su discurso del estado de la unión, además de trabajar por revertir los bajísimos índices de popularidad. Entre más tiempo pase sin que se dé la reunión con Trump, Petro se acercará a la condición de ‘pato cojo’ y tendrá cada vez menos importancia para Estados Unidos.

Más allá de los agravios que se estaban dando entre ambos presidentes, animados por el carácter explosivo de los dos y por estar situados en las antípodas del espectro ideológico, hay un factor que se debe tener en cuenta y que pudo animar la comunicación de este miércoles y la subsiguiente invitación, y que no puede ser la simple necesidad de Trump de limar asperezas con Petro. Se trata de la reciente acción militar de Estados Unidos en Venezuela que terminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y que dejó como presidenta interina a Delcy Rodríguez, mostrada por Estados Unidos ahora como una simple operadora o ejecutora de las decisiones de Trump.

Este contexto le daría más sentido a la llamada y la invitación. Trump acaba de dar la mejor muestra de audacia militar y política, al conseguir la impecable extracción de Maduro (lo que les costó la vida a al menos 100 militares entre cubanos y venezolanos) y dejar a cargo de Venezuela a Delcy Rodríguez y la plana mayor del chavismo y el madurismo. Es decir, dejó la dictadura sin dictador para iniciar una transición sin mayores sobresaltos, con una administración que, pese a seguir vociferando contra el imperialismo estadounidense, en la práctica ha comenzado a alinearse con los intereses de Trump, que empiezan por el control del petróleo.

Otro movimiento para consolidar su dominio sobre Venezuela y la región es restarle apoyos al descabezado régimen madurista. Suavizar las tensiones con el Gobierno de Colombia, uno de los que ha condenado la acción contra Maduro, y el que más se ha erigido en oposición a Trump, ayudará a doblegar la resistencia en Caracas, si es que aún persiste. No se trata de que Petro transe sus profundas convicciones, ni de que se vaya a arrodillar ante el imperio, sino de que Delcy Rodríguez y su séquito madurista se sientan más aislados y dóciles a las determinaciones de Washington. Esa es la dimensión del golpe de autoridad que dio Trump.

Es difícil creer que Trump invite a Petro a la casa Blanca para hablar de sus últimos meses de gobierno, para recomponer la lucha contra el narcotráfico, para rescatar la fracasada política de “paz total”, o incluso para oír su discurso ambientalista, algo en lo que definitivamente no cree Trump. De todo eso tendrá que hablar de manera prospectiva el mandatario estadounidense con el próximo presidente de Colombia. Trump, desde la perspectiva de la tradición política estadounidense, ya ve a Petro como un ‘pato cojo’, con mucha influencia aún, pero ‘pato cojo’, al fin y al cabo.

¿Qué dijo Gustavo Petro sobre tensión entre Estados Unidos y Ecuador?

El presidente Gustavo Petro encabezó en Puerto Asís, Putumayo, el acto protocolario de destrucción de material bélico entregado por la disidencia conocida como Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), como parte de los avances hacia la paz total.

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