La hora y cuarenta y ocho minutos de intervención del presidente Gustavo Petro este 20 de julio al instalar las sesiones del Congreso fueron aprovechados por el mandatario para hacer un balance favorable de su gestión. Para impresionar al auditorio, al comienzo de su discurso se declaró discípulo de Aristóteles, pero en el desarrollo de su participación se mostró más como un sofista, esa clase de pensadores a los que el filósofo griego criticó con mucha severidad.
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En efecto, los sofistas no se caracterizaron precisamente por buscar una verdad objetiva, sino que se enfocaban en el poder persuasivo de la palabra. Usaban la retórica y la oratoria para convencer a los ciudadanos y ganar debates en las asambleas políticas y tribunales. Para ellos, como actúan muchos políticos hoy, un argumento solo era válido si resultaba útil y eficaz para persuadir a la audiencia, sin considerar si tenía correspondencia con la realidad.
Fueron verdaderos maestros de la palabra, no solo como medio de comunicación, sino, sobre todo, como vehículo para influir en la opinión y el comportamiento de los demás. Una de sus principales tesis era que la verdad es relativa, no es absoluta, sino que depende de la percepción individual y el contexto cultural.
La economía, Aristóteles y Gustavo Petro
Esta postura provocó el rechazo de Sócrates, Platón y Aristóteles, influyentes filósofos que no pudieron atajar sin embargo a los sofistas, cuyo relativismo filosófico abrió la puerta a la demagogia, entendida como el uso de discursos persuasivos para manipular las emociones y prejuicios del pueblo y alcanzar el poder. Los sofistas y los demagogos equivalen a los falsos profetas que para Jesús, otro personaje que invoca con mucha frecuencia Petro, no eran de fiar.
La primera alusión a la idea de verdad en el discurso de Petro se produjo cuando hizo referencia a su actividad como congresista y denunció la relación entre políticos y paramilitares. Aprovechó para responderle al presidente del Senado, Lidio García, que lo criticó por desconocer el triunfo de Abelardo de la Espriella y hablar de fraude sin pruebas. “Le recuerdo eso, presidente. Porque usted me exige pruebas y siempre las he dado. No desconfíe en mí”, dijo Petro, y aseguró que este mismo lunes por la noche las entregaría. Al final, lo que hizo fue presentar la misma demanda de nulidad de la elección de De la Espriella que ya existe, sin pruebas.
Así comenzó a desarrollar su discurso, como es habitual, entre datos imprecisos, evidentes falsedades y una que otra verdad, hasta que, en su pretendida erudición, llegó a Aristóteles. “Decía Aristóteles, que es el inventor de la palabra economía, que es griega […]”, aseguró Petro sin ruborizarse y en su estilo de impostada erudición. Pero en esa sola expresión ya se dibujaba lo que iba a ser su intervención ante el Congreso: tenía una verdad y una mentira. La palabra economía sí es griega, pero no la inventó Aristóteles.
Efectivamente, los griegos fueron los primeros que trataron de tener un conocimiento sobre el funcionamiento de la economía, pero, de acuerdo con una breve reseña de la historia del pensamiento económico publicada por el Banco de la República, fue Hesíodo (datado hacia 700 a. C.) el primero en hablar de economía. El término ‘oikonomía’ está compuesto por dos raíces: oikos (casa, hacienda o patrimonio) y nemein o nomos (administración, distribución o ley). En su uso le siguieron Jenofonte (431 a. C. – 354 a. C.), Platón (427 a. C. – 347 a. C.) y mucho después Aristóteles (384 a. C.- 322 a. C.).
De exportar carros eléctricos a negar muertos de la oposición
De esos pequeños detalles en apariencia sin importancia, el presidente Petro pasó a los grandes. Dijo, por ejemplo, también sin sonrojarse, que “lo que más creció en las exportaciones de Colombia se llaman camiones, carros, buses eléctricos, exportados hechos en Colombia. […] Se duplicaron, vehículos eléctricos. Estamos pisando los caminos verdaderos de la industrialización que fue lo que prometí en mi discurso electoral”. Pero según datos del Dane y la Dian, el sector minero-energético fue el motor principal del crecimiento, al registrar ventas por 7.181,5 millones de dólares en el primer cuatrimestre, un aumento del 14,6 % frente al mismo periodo de 2025. Este sector representó el 39 % del total exportado.
De inmediato hubo reacciones a la afirmación del mandatario. En el país no existe ninguna planta que fabrique carros eléctricos particulares para el consumidor final, y la totalidad de los que se venden en Colombia son importados. En los últimos años el Gobierno sí ha impulsado políticas para atraer inversión, promover el ensamble y convertir al país en una futura plataforma exportadora, pero eso es distinto a afirmar que hoy Colombia exporta vehículos eléctricos producidos nacionalmente. Lo que sí existe es la fabricación local de buses eléctricos para transporte público, y un avance real en el ensamblaje de motos y motocarros eléctricos.
En su discurso de balance de su gestión, el presidente Petro también habló de reducción de la pobreza, equidad, salud, educación, unos ítems en los que, efectivamente, tiene resultados para mostrar. Por sus logros en educación, por ejemplo, según Petro, no hubo estallidos sociales en su Gobierno. “Por eso no hubo conflictividad social ni política por la oposición”, dijo, pero después hizo una afirmación abiertamente contraevidente: “Nadie perdió un ojo. Nadie murió”, aseguró, sin considerar el asesinato del precandidato del opositor Centro Democrático Miguel Uribe Turbay en plena campaña presidencial.
En materia de seguridad, destacó básicamente dos cosas: el incremento en el ingreso mensual de soldados regulares y auxiliares de policía que hoy supera los 1,7 millones de pesos, y la reducción en la tasa de homicidios, algo que atribuye al diálogo y la paz. Pero no dijo nada relacionado con el incremento de las masacres durante su administración (a corte del 9 de julio de este año, Indepaz llevaba reportadas 70 con 278 víctimas), ni del incremento exponencial de delitos como la extorsión, y mucho menos del crecimiento y expansión de los grupos armados.
Según la fundación Ideas para la Paz (FIP), una de las señales más preocupantes del deterioro de la seguridad en Colombia es el fortalecimiento sostenido de esas organizaciones criminales. A diciembre de 2025, estas estructuras sumaban más de 27.000 integrantes, entre hombres en armas y redes de apoyo, lo que representa un crecimiento del 23,5 % respecto a diciembre de 2024. Esto significa que más de 5.000 personas se sumaron a estas organizaciones ilegales en solo un año. Un informe de la Fundación CORE, dedicada a investigar y analizar el conflicto armado en el país, reveló que, entre 2018 y 2025, el número de integrantes de los grupos armados organizados creció un 110 %, pasando de 12.883 a 27.121 efectivos.
Todo a la sombra de la política de “paz total” del presidente Petro, a la cual no se refirió el mandatario en su discurso ante el Congreso, en el que dijo unas cosas ciertas, otras no tanto y varias definitivamente alejadas de la verdad, o por lo menos ignoradas de manera total. Un discurso sofista en boca de un autoaclamado seguidor de Aristóteles.
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