Escrito por:  Redacción Nación
Ago 5, 2026 - 9:32 am

Usar un casco prestado para un viaje en motocicleta es una práctica cotidiana para miles de personas que utilizan plataformas de transporte. Sin embargo, una investigación realizada por la Universidad Manuela Beltrán (UMB) reveló que el interior de esos cascos puede albergar una gran cantidad de microorganismos, algunos de ellos asociados con contaminación fecal.

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El estudio analizó 32 cascos compartidos utilizados por pasajeros de plataformas digitales y encontró un resultado que llamó la atención de los investigadores: el 100 % de las muestras presentaba algún tipo de microorganismo.

Entre los hallazgos aparecieron bacterias aerobias comunes, bacterias coliformes, hongos y levaduras. Incluso, en uno de los cascos se detectó la presencia de Escherichia coli (E. coli), una bacteria que suele utilizarse como indicador de contaminación de origen fecal.

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Según explicó Diana Sandoval, experta en salud pública de la Universidad Manuela Beltrán, la presencia de esta bacteria no significa que el casco vaya a transmitir automáticamente una enfermedad. Sin embargo, sí evidencia una posible cadena de contaminación que puede empezar cuando una persona manipula el casco sin haberse lavado correctamente las manos después de ir al baño.

Posteriormente, otro usuario podría tocar el acolchado y llevarse las manos a la boca, a los ojos o manipular alimentos sin realizar una adecuada higiene.

La investigación también explica por qué el interior de los cascos resulta un ambiente ideal para la permanencia de microorganismos. Las espumas absorben sudor, grasa de la piel, células muertas, residuos del cabello y restos de productos cosméticos. A esto se suma la humedad, el calor y la escasa ventilación producidos por el uso constante.

Los resultados muestran que 29 de los 32 cascos analizados, es decir, el 90 %, contenían bacterias aerobias comunes. Aunque muchas de ellas hacen parte del ambiente o de la flora normal de la piel, algunas pueden convertirse en oportunistas y provocar infecciones cuando encuentran condiciones favorables.

Además, el estudio encontró bacterias coliformes en el 32 % de los cascos, hongos en el 37,5 % de las muestras y levaduras en el 59 %.

Las investigadoras advierten que las personas con heridas abiertas, raspones, acné inflamado, dermatitis o sistemas inmunológicos debilitados podrían ser más vulnerables al contacto con estos microorganismos. En esos casos, la barrera protectora de la piel está alterada y aumenta el riesgo de infecciones o de que ciertas enfermedades dermatológicas empeoren.

Entre las afecciones que podrían verse favorecidas por un casco húmedo y mal higienizado aparecen la dermatitis seborreica, la foliculitis, la pitiriasis versicolor, algunos tipos de tiña y la candidiasis cutánea. También existe la posibilidad de que microorganismos lleguen a los ojos al manipular el casco y luego tocarse el rostro, favoreciendo problemas como conjuntivitis bacteriana u orzuelos. La humedad acumulada cerca de las orejas también podría contribuir a casos de otitis externa.

No obstante, las investigadoras hacen una aclaración importante: encontrar microorganismos en un casco no significa que automáticamente transmita enfermedades. Para que ocurra una infección deben coincidir múltiples factores, como el tipo y la cantidad de microorganismos presentes, el tiempo de exposición y las condiciones de salud de quien lo utiliza.

Como medida preventiva, la Universidad Manuela Beltrán recomienda usar un casco propio siempre que sea posible. Si debe utilizarse uno compartido, aconseja ponerse una cofia, un gorro limpio o un pañuelo como barrera, revisar que el interior esté seco y limpio, evitar tocar innecesariamente el acolchado y lavarse las manos al terminar el recorrido.

Para los conductores, las recomendaciones incluyen limpiar y desinfectar periódicamente los cascos, mantenerlos secos y ventilados, evitar guardarlos húmedos en baúles o bolsas plásticas y entregar una cofia limpia o desechable a cada pasajero.

Pese a los resultados del estudio, la Universidad enfatiza que el casco sigue siendo el principal elemento de protección para prevenir lesiones graves en caso de accidente. La recomendación no es dejar de usarlo, sino mejorar sus condiciones de higiene para reducir la exposición innecesaria a microorganismos.

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