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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Ago 21, 2026 - 9:58 am

El violento asesinato de un reconocido comerciante de gemas en el norte de Bogotá sobre las 7:00 de la noche del pasado jueves 20 de agosto sacudió los hilos ocultos del negocio de las piedras preciosas y activó las alarmas de las autoridades judiciales. La víctima fue identificada plenamente como Edilson Castro Castellanos, un exconcejal del municipio boyacense de Maripí y actor conocido en los circuitos de comercialización de esmeraldas, cuyo homicidio ahora es escudriñado bajo la lupa de la Unidad Investigativa de El Tiempo, sacando a la luz un turbio prontuario plagado de testigos clave, procesos por falso testimonio y cercanías con poderosos clanes del occidente de Boyacá.

Tras el levantamiento del cuerpo y las primeras pesquisas en la zona norte de la capital, los investigadores comenzaron a escarbar en el pasado de Castro Castellanos, descubriendo que su nombre figuraba en expedientes judiciales de alto voltaje relacionados con crímenes perpetrados en zonas mineras. Durante al menos dos periodos, la víctima ejerció como cabildante municipal bajo las toldas del Partido Liberal, consolidando paralelamente una relación muy cercana con los círculos de poder del sector esmeraldero. Una fuente de alta credibilidad en la región oriental de Boyacá le confirmó al periódico la naturaleza de estas alianzas: “En las minas se sabe que el señor Castro es cercano al clan Rincón, al que pertenecían los esmeralderos extraditados a Estados Unidos Horacio Triana Romero y Gilberto Rincón. Era de confianza de Omar Rincón, siempre se les veía juntos”.

El rastro judicial llevó a los investigadores a un expediente específico que data del año 2014, cuando se perpetró el homicidio de Julio Rincón Pinilla, un vigilante de la emblemática mina La Pita, ubicada en la jurisdicción de Maripí y estrechamente ligada a la familia Rincón. Documentos a los que tuvo acceso el rotativo revelan que Castro Castellanos no era un actor ajeno a ese suceso, sino que figuraba formalmente como testigo presencial de los hechos, los cuales habrían ocurrido mientras compartía una ronda de cervezas con el propio Omar Rincón, varios de sus socios y su anillo de escoltas. Según reza textualmente uno de los testimonios incorporados dentro del proceso penal: “Empezó un problema entre el vigilante y un allegado a Omar Rincón y este se acerca, saca un arma y le dispara en por lo menos 13 oportunidades a Julio Rincón. Ahí estaba el entonces concejal de Maripí Edilson Castro”.

No obstante, la participación de Castro Castellanos en dicho proceso dio un giro judicial adversamente drástico, pues pasó de ser testigo a terminar procesado y condenado por los delitos de falso testimonio y fraude procesal tras intentar encubrir los rastros del crimen. Aunque aceptó los cargos imputados por la fiscalía, una jueza de la República en Bogotá le otorgó el beneficio de la suspensión condicional de la pena debido a que el castigo impuesto no superaba el umbral de los cuatro años de prisión.

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Este antecedente judicial se convirtió en la pieza angular sobre la cual ahora avanza la policía judicial, intentando establecer si su reciente ejecución en Bogotá guarda relación directa con retaliaciones derivadas de sus antiguos negocios con esmeraldas o si responde a cuentas pendientes con facciones del temido ‘clan Rincón’, cuyas figuras históricas han terminado mayoritariamente extraditadas a cárceles de Estados Unidos por delitos asociados al narcotráfico.

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