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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Jun 4, 2026 - 5:30 am

La agresiva política comercial de la administración de Donald Trump se encuentra reconfigurando sus estrategias, y esta vez Colombia se ubica en el ojo del huracán. Un reciente informe divulgado por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) ha encendido las alarmas en los sectores exportadores del país, al revelar un nuevo mecanismo de presión arancelaria que clasifica a las economías globales según el cumplimiento de sus normativas internas.

El núcleo de la controversia radica en una evaluación técnica de Washington, que incluyó a Colombia en una lista de 54 naciones señaladas por no contar con los mecanismos suficientes para prohibir y restringir el ingreso de bienes producidos mediante trabajo forzado. Aunque el argumento estadounidense se presenta bajo una justificación de derechos laborales y competencia justa, las implicaciones económicas para el mercado nacional son inmediatas y rigurosas.

De consolidarse la propuesta de la Casa Blanca, los productos colombianos que ingresen a territorio norteamericano quedarían sujetos a un gravamen del 12,5 %. Esta tarifa resulta significativamente más alta que la asignada a otros socios comerciales clave de Estados Unidos, como Canadá, México, Ecuador, la Unión Europea, Indonesia y Pakistán. Estas economías fueron ubicadas en una categoría más favorable (con un arancel del 10 %), ya que, según el criterio del USTR, sí poseen prohibiciones legales vigentes contra el trabajo forzado, aunque su aplicación sea calificada como deficiente.

Este nuevo movimiento de la Casa Blanca no es un hecho aislado, sino la respuesta a una intensa batalla jurídica interna en los Estados Unidos. El origen de la disputa se remonta a abril del año pasado, cuando Trump intentó fijar aranceles elevados utilizando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) de 1977, argumentando que el déficit comercial representaba una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional. Sin embargo, en febrero de este año, la Corte Suprema de Justicia frenó en seco la iniciativa, dictaminando que el Ejecutivo había excedido sus facultades y que dicha ley no autorizaba gravámenes generales.

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Ante el revés judicial, la administración implementó un arancel temporal universal del 10 % sobre casi todas las importaciones. No obstante, este segundo intento también fue impugnado el mes pasado por el Tribunal de Comercio Internacional debido al incumplimiento de ciertos requisitos legales. Con una apelación en curso y la certeza de que este impuesto temporal expirará el próximo 24 de julio sin posibilidad de ser renovado por el Congreso, el gobierno de Trump ha tenido que buscar alternativas jurídicas más sólidas.

Es en este escenario de vencimientos y bloqueos donde entra a jugar la actual investigación, amparada bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. A diferencia de los decretos de emergencia previos, esta normativa cuenta con un respaldo legal histórico robusto, habiendo sido utilizada tanto por administraciones demócratas como republicanas en las últimas décadas para sancionar prácticas comerciales consideradas “irrazonables” o perjudiciales para las empresas estadounidenses.

El uso de la Sección 301 otorga mayor estabilidad jurídica frente a futuras demandas en las cortes federales, pero introduce una dinámica mucho más lenta. El procedimiento obliga al gobierno estadounidense a abrir fases de consulta pública, recibir descargos de los sectores afectados y realizar audiencias obligatorias antes de aplicar las tarifas definitivas. Esto otorga a los exportadores y al gobierno colombiano un margen de varios meses antes de que el incremento del 12,5 % entre en vigor de manera plena.

A pesar de los plazos, la tensión internacional ya se hace sentir. Mientras la Unión Europea ha calificado las medidas de “injustificadas” y acusa a Washington de instrumentalizar argumentos legales para sostener su proteccionismo económico, para Colombia el panorama es de suma prudencia: de concretarse el plan, el país no solo mantendría la carga impositiva actual, sino que enfrentaría una desventaja competitiva de 2,5 puntos porcentuales frente a sus principales competidores de la región.

Quién es y qué propone Abelardo de la Espriella

Este es el perfil de 'outsider' colombiano que obtuvo más de 10 millones de votos en la primera vuelta a la presidencia. Tiene una experiencia como abogado y nunca ha estado en un puesto de representación pública, pero ha logrado conectar con los colombianos como no lo han hecho muchos políticos de trayectoria. Esto es lo que que propone Abelardo de la Espriella:

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