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Este artículo fue curado por Oskar Ortiz   Abr 30, 2026 - 6:18 pm
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La reducción de la jornada laboral en Colombia dejó de ser una promesa y ya está en su fase más crítica. Desde la entrada en vigencia de la Ley 2101 de 2021, el país ha venido recortando progresivamente la semana laboral de 48 a 42 horas, un proceso que entra en su etapa final y obliga a empresas y trabajadores a ajustarse a un nuevo modelo de trabajo.

El cambio no ha sido menor. En un mercado laboral marcado por la presión sobre la productividad y la competitividad, la reducción de horas ha generado tensiones tanto en empleadores como en trabajadores, que temen que menos tiempo implique más carga. Sin embargo, los primeros resultados empiezan a mostrar un efecto que pocos anticipaban.

La etapa final de la reducción de la jornada laboral a 42 horas

El próximo 15 de julio marcará el punto definitivo en la implementación de esta política, cuando la jornada semanal máxima deberá ajustarse a 42 horas sin afectar el salario de los trabajadores.

Este cronograma, que inició en 2023, ha obligado a las organizaciones a replantear sus esquemas de operación, desde la distribución del tiempo hasta la forma en que se mide el desempeño laboral.

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El reto ha sido claro: mantener o mejorar la productividad en un contexto donde el tiempo disponible es menor.

Contrario a los temores iniciales, algunas empresas han reportado mejoras en sus indicadores. Según datos de Adecco Colombia, multinacional experta en recursos humanos, aquellas organizaciones que rediseñaron sus procesos y adoptaron modelos de gestión por resultados han logrado mantener o incluso aumentar su productividad entre un 5 % y un 10 %.

Este resultado cambia la narrativa sobre la reducción de la jornada laboral. No se trata únicamente de trabajar menos horas, sino de trabajar mejor.

“Desde nuestra experiencia hemos observado que las compañías que rediseñaron procesos y priorizaron la gestión por resultados han logrado mantener o incluso mejorar su productividad entre un 5 % y un 10 %”, explicó Natalia Camacho, Training & Consulting Manager de Adecco Colombia.

Sin embargo, el efecto no es uniforme. Las empresas que no hicieron ajustes estructurales y simplemente redujeron el tiempo laboral han experimentado caídas de hasta 3 % en el desempeño por colaborador.

La transición hacia una jornada de 42 horas ha obligado a introducir cambios concretos en la dinámica empresarial. Uno de los más visibles es la transformación en la gestión del tiempo.

Las reuniones, por ejemplo, han pasado a durar máximo 30 minutos, con menos participantes y objetivos más claros. Asimismo, se han eliminado tiempos improductivos y se ha incrementado el uso de herramientas tecnológicas para automatizar tareas.

En términos operativos, la automatización de procesos administrativos ha permitido liberar entre un 10 % y un 15 % del tiempo operativo, lo que contribuye a compensar la reducción de horas laborales.

El análisis de desempeño se ha convertido en una herramienta clave para medir el impacto de esta política. Según Adecco, cerca del 90 % de las compañías formales ha logrado mantener estables sus indicadores de cumplimiento de metas (OKR y KPI).  

Además, la productividad por hora trabajada ha mostrado mejoras promedio del 6 % en organizaciones que han incorporado analítica y automatización, mientras que los tiempos de entrega se han reducido entre un 8 % y un 12 % en equipos con modelos híbridos.

Estos datos sugieren que la eficiencia, más que el tiempo, se está convirtiendo en el principal determinante del desempeño laboral.

Para los trabajadores, la reducción de la jornada también implica cambios relevantes. Una de las prácticas más adoptadas ha sido la salida anticipada los viernes, una medida que mejora el equilibrio entre vida personal y laboral.

“Salir el viernes más temprano es una de las prácticas más utilizadas por nuestros clientes y contribuye al equilibrio entre vida y trabajo, un aspecto altamente valorado por las generaciones más jóvenes”, señaló Camacho.

No obstante, este beneficio viene acompañado de nuevas exigencias. La presión por cumplir metas en menos tiempo exige mayor disciplina, autonomía y enfoque en resultados.

El informe advierte que reducir horas sin rediseñar procesos puede provocar efectos negativos. Mantener esquemas de microgestión, no capacitar a los equipos o no ajustar los modelos de trabajo puede limitar los beneficios de la medida.

En muchos casos, cuando no se establecen prioridades claras, la reducción de la jornada puede traducirse en una mayor presión sobre los trabajadores sin mejoras reales en productividad.

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