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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Jul 9, 2026 - 5:36 am

El tradicional almuerzo “corrientazo”, que por décadas ha sido el salvavidas diario de millones de trabajadores, universitarios y transeúntes en las principales ciudades de Colombia, está dejando de ser la opción económica y amigable que todos conocían. Almorzar en la calle se convirtió en un verdadero calvario para el bolsillo de los ciudadanos debido a una serie de factores económicos que tienen contra las cuerdas tanto a los dueños de los restaurantes de barrio como a sus clientes más fieles. Los incrementos acumulados en la comida y en los gastos de funcionamiento están haciendo que este plato típico deje de ser tan barato como en años anteriores.

Las cifras oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) confirman la gravedad de la situación. Según el reporte con corte a junio de 2026, la división de Restaurantes y hoteles registró una alarmante variación anual del 9,59 %, una cifra que supera con creces el promedio nacional del Índice de Precios al Consumidor (IPC), el cual se ubicó en el 6,14 %. El panorama es todavía más preocupante cuando se mira el dato específico: las comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio subieron un 9,75 % en comparación con el mismo periodo de 2025, dejando en evidencia que prender la estufa en un negocio ya cuesta un dineral.

El principal motor de esta disparada de precios se encuentra en la misma plaza de mercado. Preparar el menú del día es una tarea cada vez más costosa porque los ingredientes básicos están por las nubes. El Dane detalló que, durante el último año, la carne de res y todos sus derivados registraron un fuerte aumento del 14,27 %. Por su parte, las frutas frescas, que son indispensables para el tradicional jugo de sobremesa que acompaña el corrientazo, sufrieron una escandalosa subida del 23,27 %. Con estos números, es casi imposible mantener el precio del almuerzo ejecutivo sin irse a pérdidas.

Pero el problema no se limita a la comida que va en el plato. Los propietarios de estos populares locales de comida deben hacer maromas para cubrir otros gastos de operación fijos que vienen subiendo sin freno, tales como los arriendos de los locales comerciales, las tarifas de los servicios públicos, el transporte para abastecerse y los costos asociados al pago de la nómina de sus cocineros y meseros. Esta asfixiante combinación de factores redujo al mínimo los márgenes de ganancia.

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Las estadísticas del primer semestre de 2026 reflejan que la tendencia no va a mejorar pronto, pues entre enero y junio la categoría ya acumuló un alza del 6,43 %. Aunque algunos negociantes han intentado mantener tarifas competitivas sacrificando sus propias ganancias para no espantar a la clientela, la gran mayoría se ha visto obligada a trasladar el golpe directamente al consumidor final. Esto está obligando a miles de colombianos a ajustar sus presupuestos diarios o, en el peor de los casos, a revivir la tradicional cultura del portacomidas para no quebrar en el intento de alimentarse.

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