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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Jun 17, 2026 - 6:13 am

El Servicio Geológico Colombiano informó que en la mañana de este miércoles 17 de junio se registró un nuevo sismo en Colombia de magnitud 5.1. Conforme con la entidad, que se encarga del monitoreo permanente de la actividad sísmica en el territorio nacional, el hecho sucedió específicamente a las 5:51 a. m. El fuerte sacudón interrumpió el amanecer de miles de ciudadanos, quienes reportaron haber sentido el movimiento con gran intensidad en departamentos como Santander, Norte de Santander, Boyacá, Cundinamarca y hasta en la capital de la República.

El epicentro de este nuevo evento volvió a ubicarse en el municipio de Los Santos, Santander, una población que históricamente ha cargado con el título de ser el territorio más inestable y movedizo de toda la geografía colombiana. La recurrencia de estos fenómenos en este punto específico despierta un constante temor e intriga entre la población general, llevando a muchos a preguntarse por qué la tierra tiembla prácticamente todos los días en esta localidad santandereana. La respuesta a este fenómeno no es una coincidencia climática ni una maldición, sino un comportamiento geológico profundo perfectamente identificado.

De acuerdo con las investigaciones técnicas del Servicio Geológico Colombiano, el municipio de Los Santos alberga el denominado Nido Sísmico de Bucaramanga, una de las concentraciones de actividad sísmica más activas e importantes de todo el planeta, compartiendo un estatus similar con regiones complejas ubicadas en Rumanía y Afganistán. Este nido se caracteriza por concentrar una impresionante acumulación de energía de forma continua en un espacio subterráneo muy reducido de apenas 128 kilómetros cúbicos. Allí, fragmentos de antiguas placas tectónicas que ya han sido inmersas o subducidas en el manto terrestre interactúan entre sí de forma sumamente compleja, liberando tensión de manera casi ininterrumpida.

A pesar del susto colectivo que generan eventos como el de esta mañana, los sismólogos recuerdan que la inmensa mayoría de los temblores originados en Los Santos comparten dos rasgos principales que alivian el panorama. El primero es su profundidad intermedia, que casi siempre ronda los 150 kilómetros, y el segundo es que suelen registrar magnitudes bajas a moderadas. Esta notable profundidad actúa como un escudo protector para la superficie, ya que, aunque permite que la onda sísmica viaje muy lejos y el sismo sea sentido con mucha amplitud en ciudades distantes, la energía se disipa en el camino y reduce al mínimo la probabilidad de causar graves daños estructurales en las viviendas.

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