En una clara defensa de Nicacio Martínez, la periodista dijo en su columna que le cree al general y que no piensa que él haya orquestado la trama de escuchas ilegales.

La colombo-española cuestiona el hecho de que detectaran una “camioneta llamativa frente a Semana”, ubicada allí para, supuestamente, espiar a periodistas en una calle donde “no pueden pasar inadvertidos”.

De igual forma, señala los seguimientos al director de la revista, “que hace una misma señora”, en una cafetería cercana a la sede de ese medio, y pone en duda el “envío de burdos sufragios amenazantes estilo culebrón narco“.

Hernández, haciendo burla del cuerpo de inteligencia que estaría detrás del escándalo, aseguró que “si eso es el FBI criollo […] estamos apañados”, aunque dijo que las revelaciones del semanario sobre el espionaje delictivo “dejan dudas y certezas”.

Sobre las acusaciones de que estaría detrás de las chuzadas, Martínez dijo, en su momento, que no tiene nada que ver con la publicación hecha por la revista. “Me encuentro totalmente ajeno a este tipo de acciones ilegales e injuriosas”, sostuvo.

Además, el general le dijo a El Tiempo que detrás de ese escándalo “hay intereses económicos muy fuertes” para perjudicarlo.

“No tengo la menor duda de que es la retaliación por denunciar y prevenir hechos de corrupción al interior del Ejército”, agregó Martínez.