Lo expresado por Claudia López el viernes anterior, después de que se conociera el asesinato del mesero Oswaldo Muñoz en la estación de la calle 85 de Transmilenio, en el norte de Bogotá, desató una avalancha de reacciones que se vienen alineando entre quienes, como la misma administración, aseguran que la mandataria no dijo nada malo, y los que piensan que sí fue grave.

“No quiero estigmatizar a los venezolanos, pero hay unos inmigrantes metidos en criminalidad que nos están haciendo la vida a cuadritos. Tenemos que volver a traer a Migración Colombia. Aquí el que quiera venir a ganarse la vida decentemente, bienvenido. Pero, el que venga a delinquir, lo debemos deportar sin contemplación”, dijo López.

A las filas de los que descalifican tales afirmaciones se vienen sumando medios de comunicación. Este sábado, la primera en manifestarse fue la revista Semana, que, en un artículo de opinión a manera de editorial le dijo a la alcaldesa que “las palabras importan” y le criticó que “volvió a utilizar un lenguaje peligroso”, esta vez señalando “delincuentes por su país de origen”.

Si bien varios internautas descalificaron lo dicho por esa publicación, a la que achacan una tendencia uribista, llama la atención que ahora sea El Espectador, un medio completamente liberal (desde el punto de vista filosófico, no político) el que reproche en su editorial a la mandataria capitalina.

Pero incluso este tema no ha sido abordado solo por medios de comunicación. El Barómetro de la Xenofobia concluyó que las declaraciones de López dispararon conversaciones xenófobas en redes. Esa plataforma digital identificó un crecimiento del 83 % en esas expresiones, en varias zonas del país. Y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó preocupación por declaraciones de la alcaldesa y cuestionó que “vinculara a la población migrante venezolana con la criminalidad”.

Particulares como el polémico abogado Abelardo de la Espriella, que elige el camino del ataque personal contra la mandataria, también se han manifestado en contra. Por la manera de hacer su crítica, De la Espriella ha avivado la llama de la confrontación entre detractores y afectos a la alcaldesa.

Para El Espectador, la precisión que quiso hacer López en su intervención (“No quiero estigmatizar a los venezolanos, pero…”) es de las que “causan mucho daño”. El rotativo sostiene que “su propia frase la traiciona, pues empieza con el reconocimiento de que va a aportar pólvora en un tema que ha producido mucho dolor en los últimos años en Colombia”.

“Debió detenerse antes del ‘pero’, antes de la precisión, antes de mezclar nuevamente en el imaginario la migración con la ocurrencia de actos violentos”, le recrimina El Espectador a López.

Además, recuerda que en Colombia “hay desprecio por los refugiados y migrantes venezolanos”, que hay políticos que “han aprovechado ese odio para fomentar la xenofobia y obtener réditos electorales”, y que con eso “han causado que muchos migrantes sufran la discriminación y la desconfianza de los colombianos”.

Lo grave es que, para este medio, López “cayó” “en ese juego”, “independiente de sus intenciones”. Y le recrimina que, ante las críticas, al día siguiente “redobló su posición: ‘La ley colombiana prevé la deportación de quienes cometen delitos en Colombia. Esa ley no es xenófoba, es lógica. Pedir que se aplique tampoco es xenofobia’. Es decir, prefirió salirse por la tangente a reconocer su error”.

“Los trucos en los discursos discriminatorios permiten a quienes los expresan fingir que no estaban diciendo nada incorrecto”, agrega el editorial, y subraya que lo que hizo López fue dar “una declaración inútil, irresponsable y que estigmatiza a los cientos de miles de migrantes venezolanos que viven en la capital”.