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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Jun 16, 2026 - 10:13 am

El caso del ciudadano estadounidense falsamente señalado de cometer abuso contra un menor en el norte de Bogotá sigue dejando revelaciones de alto impacto. En una entrevista concedida al periodista Fabián Ramírez para Pulzo.com, la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Astrid Cáceres, compartió profundas reflexiones sobre los traumatismos emocionales que causó la violenta e de desmedida reacción de la comunidad de Usaquén contra una familia que solo pasaba por un malentendido doméstico.

La funcionaria enfatizó en que, si bien la denuncia ciudadana es un mecanismo indispensable para proteger a los niños, es fundamental permitir que los organismos competentes actúen bajo el debido proceso y totalmente libres de la asfixiante presión mediática. Cáceres confirmó de manera contundente que en este mediático caso no existió ningún tipo de violencia ni abuso sexual. Al contrario, advirtió que el modo y la manera en que la comunidad actuó de forma apresurada y sin conocer la realidad de los hechos provocó un grave e innecesario traumatismo psicológico en los tres menores de edad, cuando la situación pudo haberse manejado con un protocolo mucho más tranquilo.

Durante el diálogo con Pulzo.com, la directora del ICBF desglosó el relato común de los hechos entregado por la familia afectada. El día del incidente, el núcleo familiar se encontraba almorzando tranquilamente dentro del apartamento cuando de repente comenzaron a escuchar los gritos ensordecedores de la calle. Previo a este caos, al interior del hogar se había registrado una fuerte discusión entre los hermanos debido al daño de un juguete, lo que provocó que el niño se alterara de sobremanera. Ante la crisis, el padre adoptivo decidió sacarlo al balcón para que respirara aire fresco y así tratar de retomar el control del escenario emocional que se vivía en ese instante entre los niños.

Debido a que el ciudadano norteamericano no habla español, no lograba comprender los insultos ni la alteración de la turba en el exterior. Fue su hija mayor quien asumió la compleja tarea de traducirle la gravedad de lo que sucedía. La situación escaló a niveles críticos cuando varios vecinos irrumpieron por la fuerza al interior del apartamento. Este violento ingreso activó un estado de alerta absoluto en la adolescente, quien tuvo que procesar insultos sumamente agresivos dirigidos no solo contra sus padres, sino directamente hacia ella misma, marcando un amargo episodio de intolerancia.

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