A pocos días de la primera vuelta presidencial, las campañas sacan sus últimas fichas para cautivar, especialmente, a los indecisos y personas que no quieren reelegir la corriente de Gustavo Petro, pero que no se inclinan del todo por las propuestas de Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Claudia López, Sergio Fajardo y los demás.
Se trata de Natalia Ponce de León, una mujer que fue víctima de ataque con ácido en 2014 y cuya historia se volvió mediática en Colombia. En ese momento, su historia y defensa la asumió Abelardo de la Espriella y su pool de abogados.
“Hoy quiero agradecerle a Lawyers Interprise, a Abelardo de la Espriella, por haber tomado mi caso en el 2014, el año en que fui atacada. Y haber hecho justicia”, detalló Natalia en un video publicado hoy.
Esta grabación fue publicada por el equipo de campaña del abogado, que enfatizó en que la defensa y el respeto por las mujeres siempre marcarán su agenda, en un eventual gobierno.
“La defensa de las mujeres ha sido siempre una convicción del Tigre, y en la Patria Milagro será uno de los pilares fundamentales”, dice la publicación.
¿Quién es Natalia Ponce de León y por qué apoya a Abelardo de la Espriella?
La mañana del 27 de marzo de 2014, la vida de Natalia Ponce de León cambió de manera irreversible en el norte de Bogotá. Jonathan Vega, un exvecino obsesionado con ella tras haber sido rechazado, planeó con meticulosidad un ataque que la opinión pública consideró una “muerte en vida”. Mediante engaños en la portería del edificio de su madre, Vega logró que Natalia bajara y, sin mediar palabra, le arrojó un litro de ácido sulfúrico concentrado sobre el rostro y el cuerpo.
La brutalidad de la agresión le causó quemaduras severas de tercer grado en el 24% de su organismo, comprometiéndole el rostro, los brazos, el abdomen y una pierna. La gravedad fue tal que la joven sufrió paros respiratorios camino al centro hospitalario y su vida estuvo en riesgo inminente. A partir de ese día, Natalia inició una dolorosa y heroica batalla médica que la ha llevado a pasar más de 30 veces por el quirófano para reconstruir su identidad física.
De la Espriella y su equipo asumieron una postura penal radical desde la audiencia concentrada: argumentaron que lanzar un litro de ácido altamente corrosivo a la cara de una persona no era una simple lesión, sino una tentativa de homicidio agravado debido a la altísima probabilidad de causar la muerte y al dolor extremo infligido. Esta reclasificación técnica de la Fiscalía cambió las reglas del juego judicial.
Vega, finalmente, fue condenado a 20 años de cárcel efectiva.
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