Escrito por:  Redacción Vivir Bien
Feb 20, 2026 - 1:29 pm

Los embutidos y carnes frías forman parte de la dieta diaria de muchas personas y se consumen en diversas presentaciones y horarios. Pueden aparecer en el desayuno, como ingrediente de guisos, en tacos, tortas o como botanas.

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Entre los más populares se encuentran la salchicha, generalmente de pavo o cerdo por su versatilidad y precio accesible; el jamón, disponible en variantes como pavo, pierna, ahumado y horneado; el chorizo y la longaniza, habituales en guisos y antojitos; la mortadela, un clásico de alto consumo; el tocino, usado para dar sabor a distintos platillos; el queso de puerco, común en tortas y botanas; y los embutidos curados como el jamón serrano, menos frecuentes pero presentes en la dieta.

¿Qué efectos negativos de los embutidos en el hígado graso?

A pesar de su popularidad, expertos en salud advierten sobre los efectos negativos de estos productos para personas con hígado graso o esteatosis hepática.

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Numerosos estudios, respaldados por la Asociación Catalana de Pacientes Hepáticos, señalan que el consumo regular de embutidos constituye un factor de riesgo para esta enfermedad.

Uno de los principales problemas es la alta cantidad de grasas saturadas que contienen salchichas, chorizos y jamones. Sumadas a los procesos de curado y ahumado, estas grasas obligan al hígado a trabajar más, lo que puede desencadenar inflamación crónica y favorecer la progresión hacia fibrosis o incluso cirrosis hepática.

Además, los embutidos son alimentos con alta densidad calórica, lo que contribuye a la acumulación de triglicéridos en el hígado, agravando la esteatosis y dificultando la recuperación del órgano. Otro riesgo asociado es la resistencia a la insulina, que puede desarrollarse con el consumo excesivo de carnes procesadas como mortadela o queso de puerco, aumentando la probabilidad de padecer diabetes tipo 2.

El consumo frecuente de estos productos también incrementa los riesgos cardiovasculares, debido a su alto contenido de sodio y colesterol LDL (“malo”).

Las personas con hígado graso ya presentan predisposición a enfermedades del corazón, por lo que los embutidos pueden agravar su situación. Asimismo, los nitritos y nitratos usados como conservantes en jamón, salchicha y salami pueden elevar la toxicidad hepática y generar problemas de salud a largo plazo.

Para quienes buscan cuidar su hígado, los especialistas recomiendan limitar drásticamente el consumo de embutidos y optar por alternativas más saludables. Entre ellas destacan el pollo o pavo sin piel, pescado fresco preparado al vapor, al horno o a la plancha, legumbres como lentejas, frijoles y garbanzos, y cortes magros de res cocidos sin exceso de aceite. Estas opciones facilitan la función hepática, reducen la inflamación y ayudan a frenar la progresión de la enfermedad.

¿Qué prevención existe?

La prevención es clave. Mantener una alimentación baja en grasas saturadas y sodio, priorizar alimentos frescos y naturales, y consultar a un profesional de la salud antes de modificar la dieta son medidas esenciales para quienes padecen hígado graso.

Evitar embutidos y carnes procesadas no solo protege el hígado, sino que también contribuye a mejorar la salud general y a reducir el riesgo de complicaciones metabólicas y cardiovasculares.

Aunque los embutidos sean una opción conveniente y sabrosa, su consumo representa riesgos importantes para la salud hepática. Optar por proteínas magras y alimentos frescos es fundamental para preservar la función del hígado y mantener un estilo de vida saludable.

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