El primero de esos delitos por atacar a Peñaranda y a Pérez, y el segundo por agredir al policía, como quedó grabado en un video que se hizo viral el domingo pasado y que registró la brutal golpiza contra las dos mujeres.

Las denuncias las presentaron las dos mujeres, acompañadas por la alcaldía de Barranquilla, informó Darcy Quinn, de Caracol Radio, y aseguró que ese hecho “sí que los va a enredar en el futuro” a los agresores, que son ejemplo de intolerancia.

De hecho, el Código Penal contempla, en el caso de lesiones personales, penas de prisión hasta de 36 meses si el daño consiste en incapacidad para trabajar o en enfermedad que no pase de 30 días; hasta de 54 meses, si el daño consiste en incapacidad para trabajar o enfermedad superior a 30 días, pero inferior a 90 días; y hasta de 90 meses si el daño provoca una incapacidad de más de 90 días. Más otras penas altas por causar deformidades, perturbaciones funcionales y psíquicas.

En el caso de violencia contra servidor público, el Código Penal establece que, cuando se ejerce por razón de las funciones del servidor (el policía) o para obligarlo a ejecutar u omitir algún acto propio de su cargo o a realizar uno contrario a sus deberes oficiales, incurrirá en prisión de 4 a 8 años.

Curiosamente, la primera medida contra estos agresores que incurrieron en violencia de género que se conoce es la del propietario del apartamento donde se organizó la fiesta, que, tan pronto tuvo conocimiento de los hechos, les pidió la devolución del inmueble.

De acuerdo con Quinn, también se impusieron comparendos de 936.323 pesos a cada uno de los que estuvo en la fiesta violando las reglas que han establecido los gobiernos Nacional y local para enfrentar la pandemia del coronavirus. “Hasta ayer (lunes) iban 10 comparendos”, según la periodista.

Pero incluso más que todo lo anterior, los agresores también enfrentan el aborrecimiento de la sociedad. Por ejemplo Quinn consideró que “siempre es bueno que la opinión pública sepa quiénes estaban” en esa fiesta, y por eso dio algunos de sus nombres: Hérber Darío Blando Bendek, Gustavo Pavayó Maestre, Alfredo Bendek Suárez, Martín Samir Caro Parra, Iván Martín Cepeda Morales, Gleni Rosa Barranco Vargas. Mergy Ernesto Manzur Palis y Fanny Paola Franco Pérez.

Hubo otros periodistas que recogieron plenamente el sentir de todos los ciudadanos frente a este hecho y pasaron al campo de los calificativos. “Parranda de patanes. Una absoluta infamia”, dijo Juan Diego Alvira en Noticias Caracol, al referirse a estos violentos vecinos.

Y no es para menos, pues la actitud de los agresores también fue adobada, pese a la elocuencia de las imágenes del video, por la versión de la esposa de uno de los involucrados, que dijo que la pediatra la había agredido a ella.

Claro que el que agotó las descalificaciones para referirse a los agresores fue, como correspondía, el periódico El Heraldo, de Barranquilla, que abordó el tema en un editorial bajo el título ‘Escoria humana’.

“¿Alguien duda de que el linchamiento de los enardecidos asistentes a una ruidosa y prolongada fiesta en un apartamento en el norte de Barranquilla atentó contra la integridad física y emocional de Dalila Peñaranda y Carmen Pérez?”, empieza por preguntarse el diario costeño, y tacha de “muy mezquino” e “infame” a quien pueda asegurar lo contrario o intentar minimizar, “bajo falaces argumentos”, la gravedad del hecho.

A los agresores les dice: “¡Cobardes! Caterva de energúmenos” que, incluyendo mujeres, atacan “sin piedad ni contemplación”, dando “rienda suelta a una furia desmedida”, y “no satisfechos con la magnitud de la vileza cometida, la enfilan contra Carmen, que en un acto de profunda lealtad trata de evitar la golpiza que recibía la pediatra”. Y suma otros nombres a la lista que dio Quinn: Martín Parra, Jalim Rebaje y Assad Baraque.

En su cierre, el editorial del diario barranquillero hace un llamado que se puede extender a todos los rincones del país: “Ya basta de tanta complacencia con aquellos incapaces de ponerse en los zapatos de los demás, esos que solo privilegian sus propios intereses sin reconocer derechos y deberes que todos tenemos como parte de una sociedad, en la que pequeñas élites están acostumbradas a arremeter contra los que no piensan, actúan o pertenecen a su círculo más cercano. Que nadie olvide que la libertad de cada persona termina donde empieza la de los otros”.