Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Nov 4, 2026 - 8:35 am
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La ley de sometimiento presentada por el Gobierno nacional ante el Congreso se ha convertido en tema central del debate político tras su reciente aprobación. El pasado 13 de octubre, el texto fue radicado y, luego de un arduo proceso en Cámara y Senado, recibió luz verde. Según lo informado, la votación finalizó cerca de la medianoche, con un mecanismo denominado “espejo” que permitió aprobar dos textos idénticos; esto evitó la necesidad de una conciliación y agilizó el trámite legislativo. El Gobierno dispone hasta el 4 de noviembre para la sanción oficial de la ley, una etapa fundamental que depende ya solo del Ejecutivo, como lo señala El Espectador.

El presidente del Senado, Honorio Henríquez, del partido Centro Democrático, destacó que la ley fue aprobada tras un debate “transparente” en el que hubo más de 77 intervenciones, especialmente de miembros de la oposición. Henríquez subrayó que no se contemplan beneficios para personas solicitadas en extradición ni para responsables de reclutamiento de menores. El propósito, según el senador, es fortalecer la lucha contra la criminalidad y asegurar la preeminencia del Estado frente a los infractores de la ley. Estas declaraciones, recogidas por El Espectador, reflejan la posición oficialista frente al alcance y los límites de la medida.

Por el contrario, voces críticas como la del representante Gabriel Becerra, del Pacto Histórico, manifestaron preocupación por lo que consideraron un trámite apresurado, plagado de irregularidades y arbitrariedades. Para Becerra, la aprobación favorece a los testaferros del narcotráfico y relega la voz de las víctimas, mientras brinda demasiadas facultades al presidente en detrimento del papel del Congreso.

Desde otros sectores políticos, la exvicepresidenta Martha Lucía Ramírez afirmó que la ley representa un avance contra la impunidad, insistiendo en la necesidad de justicia y transparencia, especialmente en casos relacionados con el narcotráfico y la violencia. Por su parte, Alba Lucía Velásquez, exmagistrada del Consejo Nacional Electoral, advirtió que aprobar una ley no garantiza automáticamente la justicia y que el verdadero éxito de esta norma radicará en el esclarecimiento de la verdad, la reparación de las víctimas y el desmantelamiento de estructuras criminales.

El senador Hernán Cadavid, del Centro Democrático y ponente del proyecto, aseguró que la aprobación de la ley constituye el inicio de una nueva etapa para la seguridad del país; añadió que la responsabilidad del Congreso fue clave en la construcción de una herramienta para responder a la situación de orden público. Junto a él, representantes y senadores destacaron el trabajo legislativo, mientras algunos, como Isabel Zuleta, celebraron la eliminación de artículos que, según afirman, facilitaban la corrupción y el uso indebido de recursos públicos.

Este asunto, ampliamente cubierto por El Espectador, muestra profundas divisiones y expectativas sobre el futuro de la política de sometimiento y la justicia en el país.

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¿Qué establece la ley de sometimiento aprobada por el Congreso?

De acuerdo con lo aprobado, la ley de sometimiento define las condiciones bajo las cuales integrantes de estructuras criminales pueden acogerse al ordenamiento legal, descartando beneficios para extraditables y responsables de reclutamiento de menores. Su objetivo principal es combatir la criminalidad, fortalecer la autoridad estatal y asegurar que no existan privilegios para los responsables de delitos graves, en línea con las explicaciones recogidas por El Espectador.

¿Cuáles son las críticas principales a la ley de sometimiento y quiénes las hicieron?

Entre las principales críticas sobresalen los señalamientos de Gabriel Becerra, quien advirtió sobre presuntos errores, falta de garantías y otorgamiento excesivo de facultades al presidente. Además, figuras como la senadora Isabel Zuleta se opusieron a artículos que consideraban riesgosos para la transparencia. Estas posiciones reflejan preocupaciones respecto al respeto por las víctimas, la posible impunidad y el correcto funcionamiento democrático, según lo reportó El Espectador.


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