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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Abr 7, 2026 - 9:23 am

De las pocas ocasiones, si no la única durante su Gobierno, en las que el presidente Gustavo Petro ha aceptado su responsabilidad como mandatario en un problema fue en el caso de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos de Desastres (UNGRD). En mayo y en julio de 2024 admitió que fue él quien puso en la dirección de esa entidad a Olmedo López, y pidió perdón. Era muy difícil escabullirse de ese escándalo de corrupción, que ya marcó para la posteridad su administración. Pero no más. En los demás escándalos y crisis en las que se ha visto envuelto el jefe de Estado, su Gobierno o su círculo más próximo, la culpa siempre es de otros.

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Es políticamente necesario que el presidente de la República no ande por ahí aceptando responsabilidades. La imagen que proyectaría sería la de un incompetente o incapaz de conducir la nave del Estado al que eligieron por equivocación. Por eso, resulta más eficaz, dentro de la arquitectura estatal, para proteger al presidente, que sean los funcionarios los que asuman las responsabilidades. Es el caso de los ministros, asimilados acertadamente a los fusibles de un circuito diseñados para que se quemen cuando las cosas salen mal, así sea por culpa del presidente.

Es preferible, incluso, decir que el presidente está ‘secuestrado’ por sus más cercanos colaboradores, una idea que también lo pone a salvo porque se promueve la narrativa de que son sus asesores los que lo aconsejan mal, dejando en un segundo plano el hecho incontrovertible de que quien toma las decisiones finales es el propio mandatario, y solo por eso le caben todas las responsabilidades. En el caso del presidente Petro, se llegó a sostener que en su momento la que le decía qué hacer era su entonces mano derecha Laura Sarabia, un rol que después se le endilgó a su ministro del Interior, Armando Benedetti.

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Sin pretender hacer una retrospectiva exhaustiva de las ocasiones en las que el presidente Petro señala a los demás (principalmente a la oposición, a la derecha, a los ricos y a la oligarquía, aunque también ha culpado a sus propios funcionarios y a otras personas o entidades), los últimos meses dan suficientes ejemplos de la forma como se descarga con pasmosa facilidad. Así como culpó a la Hidroeléctrica de Urrá por el desbordamiento del río Sinú, que provocó graves inundaciones en su cuenca, responsabilizó a la madre del niño Kevin Acosta de su muerte, producida porque, por la intervención que ha hecho el Gobierno Nacional al sistema de salud, el menor falleció esperando el medicamento para la hemofilia.

En el caso de Urrá, el presidente Petro apuntó directo al responsable de la hidroeléctrica, Juan Acevedo, a quien culpó y le pidió dejar el cargo. Sin ningún tipo de investigación ni fórmula de juicio, dijo: “el gerente debe renunciar de inmediato y asumir sus responsabilidades penales”. Pese a que la hidroeléctrica enfrentó 58 horas consecutivas con aportes de agua superiores a los 2.200 metros cúbicos por segundo —un hecho sin antecedentes en los 26 años de su operación—, y que de no haberse retenido ese volumen el río Sinú habría arrasado con todo a su paso, el jefe de Estado asumió que “todo vertimiento de Urrá sobre los campesinos es la continuación de un crimen ambiental”, y que “dejaron llenar los embalses de Hidroituango y Urrá, por simple codicia”.

Y así, como quien escoge a ciegas y saca de esa bolsa del Gobierno que contiene todos los casos en los que el presidente Petro soslaya cualquier responsabilidad suya, también se puede extraer la más reciente y grave acusación contra los oficiales de la fuerza pública que persiguen a alias ‘Iván Mordisco’. Para el mandatario, no se ha podido golpear al cabecilla de la disidencia de las Farc Estado Mayor Central (EMC) porque “compra los comandantes” de la Policía “que deben capturarlo”. “Así se escapa de los bombardeos”, “le avisan antes de cada bombardeo”. No acepta (no le quedaría bien hacerlo) que su Gobierno ha debilitado a las Fuerzas Armadas y que su política de “paz total” ha permitido el fortalecimiento de todos los grupos armados ilegales.

Por otro lado, sobre el más reciente capítulo de la historia de Diego Marín, alias ‘papá pitufo’, otro escándalo que viene arrojando cada vez más dudas y sombras sobre el presiente Petro, el mandatario apela a la misma estrategia de proyectar el caso hacia el pasado: Marín “ha infiltrado al estado durante 38 años, y dentro de él especialmente a la policía de la Polfa, a la fiscalía y a los organismos de investigación, compra individuos usando la codicia dominante en su corazón que mata rápidamente”, escribió en X. “Una vez supe del sujeto, puse blindajes en mi campaña para que no entraran sus dineros. Lo impedí, pero siempre hay codiciosos”.

Sin embargo, como en el caso de la UNGRD, el mandatario viene dando visos de aceptar responsabilidades, aunque no completas, porque asegura que el hecho de que Marín no esté en Colombia encarcelado “es un acto de corrupción oficial y gubernamental […]”. Y vuelve a señalar a los altos mandos de la Policía. “Que el señor Marín trató de financiar mi campaña es cierto y yo lo prohibí expresamente, que el señor Marín infiltró altos mandos de la policía, indudablemente, y aún tiene altos oficiales a sueldo, que el señor Marín infiltró los cuerpos de investigación del gobierno, no me cabe duda, tiene gente en la Dijin y en la fiscalía, que infiltró el DNI, sin duda y en mi gobierno; es por eso que no está aquí rindiendo declaración bajo gravedad de juramento”.

Lo grave es que en todos los casos en los que el presidente Petro busca responsables para los continuos problemas que enfrentan él o su Gobierno, también va dejando la delicada sensación de que no controla el timón de la nave del Estado. Las cosas ocurren bajo sus narices sin que él dé muestras de que actúa para enfrentarlas o corregirlas. El país no necesita tantas explicaciones, y menos justificaciones. Este Gobierno está a punto de terminar y el tiempo se le agotó diagnosticando, opinando, acusando, no resolviendo ni ejecutando. Pueda que el mandatario crea que sale airoso cada vez que culpa a los demás, pero, en las mismas proporciones e intensidad, otra faceta de su carácter queda expuesta.

Qué se sabe de la participación de Petro en una película

El presidente Gustavo Petro será el primer presidente en aparecer en una película. Ningún mandatario en ningún país del mundo usó su cargo para estar en un papel dentro de un filme, pero el mandatario colombiano sí lo hará. Se sabe que el presidente saldrá como un extra dentro de una de las escenas de la película que relata la historia del almirante Padilla, en la época de la descolonización, y que la película se graba con recursos público: una parte los entregó RTVC y la otra, el Ministerio de las TICS. Detrás de la película está la productora Valencia Producciones FX y hay varias personalidades del cine y la televisión colombiana involucrados en su realización. En total, la película tiene un contrato en el Secop firmado por casi 4 millones de dólares para su ejecución.

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