El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
En el contexto de la conmemoración del Día de Todos los Santos, fecha dedicada en la tradición popular a recordar a los difuntos, el centro histórico de Bogotá emerge como un espacio donde lo histórico y lo legendario se entrelazan. Más allá de lo que conservan los archivos y las restauradas fachadas coloniales, la memoria colectiva sobrevive en las narraciones de quienes velan por estos inmuebles durante la noche. Con el propósito de activar la economía y la actividad cultural en el sector, autoridades locales impulsaron la ruta temática "Los Fantasmas de La Candelaria", una iniciativa que da vida a los relatos que se han transmitido de generación en generación.
Estas historias no pretenden ser simples relatos de terror, sino que constituyen un importante patrimonio inmaterial para Bogotá. Tal como analiza Gabriel Eljaiek-Rodríguez en el libro Fantasmagorías bogotanas (2019), la memoria oral y el contexto arquitectónico del centro de la ciudad juegan un papel clave en la construcción de estas figuras en el imaginario de los habitantes. Los trabajadores, visitantes y quienes transitan las calles del Centro Histórico aseguran haber presenciado pasos, murmullos y siluetas entre la penumbra, especialmente en casas emblemáticas como Genoveva, Pardo, Sámano y las Casas Gemelas.
Entre los relatos fusionados con documentos judiciales y la tradición oral resalta el relacionado con José Raimundo Russi, abogado ejecutado en la Plaza Mayor (actual Plaza de Bolívar) en 1851 por su presunta participación en el homicidio de Manuel Ferro. Según se ha documentado, su figura se habría convertido en un espectro errante con capa azul que recorre la plaza al amanecer en busca de justicia. Igualmente, el escritor Ángel Cuervo refiere en el siglo XIX la aparición de una "casaca verde" que subía escaleras y se desvanecía tras golpear una pared, mientras que Elisa Mújica recoge en Las casas que hablan (1994) historias sobre lavanderas espectrales como "Filomena" y la "Mula Herrada", cuyo paso deja ver chispas por las empedradas calles.
En la llamada "Calle del Fantasma" (carrera 1 entre calles 9 y 10), la periodista Valeria Herrera menciona la leyenda de Alex Mogollón, ingeniero que habría pactado con el diablo para empedrar la vía en apenas seis meses y seis días, y cuya falta de una piedra todavía manifestaría una presencia misteriosa al anochecer. También se relatan apariciones ligadas a la Casa Sámano, donde algunos aseguran ver al virrey Juan de Sámano luego de su huida en 1819, y avistamientos de un niño rubio alimentando aves en el sector del Chorro de Quevedo.
Estos acontecimientos han llegado a tener tal arraigo, que en 1912 los rumores sobre un tesoro custodiado por fantasmas de frailes capuchinos —en una casa de la carrera 5 No. 25-5— se plasmaron en un contrato de excavación, hoy conservado en el Archivo de Bogotá. Si bien la materialidad de estos relatos es inexistente, su sentido de pertenencia y constante transmisión han permitido que se integren de forma natural a la oferta cultural de la ciudad, convirtiéndose en parte esencial de los recorridos turísticos y de la memoria bogotana, según El Espectador.
¿Cuáles son las leyendas más conocidas de fantasmas en el centro histórico de Bogotá?
Entre las leyendas más frecuentes se destacan la del espectro de José Raimundo Russi en la Plaza de Bolívar, la figura de la "casaca verde" relatada por Ángel Cuervo, las lavanderas en pena recogidas por Elisa Mújica y el enigmático Alex Mogollón en la "Calle del Fantasma". También sobresalen las historias de la Casa Sámano y el niño rubio del Chorro de Quevedo, todas con fuentes que han sido referidas por escritores e investigadores en medios como El Espectador.
¿Qué significa patrimonio inmaterial según los relatos de La Candelaria en Bogotá?
El patrimonio inmaterial, según las historias de La Candelaria, se refiere al conjunto de narraciones, costumbres y creencias que, transmitidas oralmente, configuran la identidad cultural del centro histórico de la ciudad. No se trata de objetos físicos, sino de relatos y experiencias que perviven en la memoria colectiva, moldeando el significado del lugar para habitantes y visitantes, de acuerdo con Gabriel Eljaiek-Rodríguez y El Espectador.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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