author
Escrito por:  Óskar Ortiz
Redactor y estratega SEO     Mar 2, 2026 - 6:20 pm

En medio de la inseguridad en Colombia, la dinámica del robo de dispositivos móviles en Bogotá atraviesa una etapa de transformación técnica y operativa. Aunque las estadísticas oficiales de la Policía Nacional reflejan una tendencia a la baja, la percepción ciudadana y las nuevas estrategias criminales sugieren una realidad mucho más compleja en las calles de la capital.

Este fenómeno, según un reporte de El Tiempo de 2026 que reveló detalles inauditos, no solo implica el acto delictivo en sí, sino una red logística que involucra desde el almacenamiento hasta la reventa en mercados negros locales e internacionales.

En lo corrido de este año, las autoridades han reportado una reducción del 29 por ciento en las denuncias por hurto de celulares. Mientras que en el periodo anterior se contabilizaron 5.546 casos, la cifra actual se sitúa en 3.912 hechos reportados.

A pesar de este descenso estadístico, la preocupación persiste, ya que el promedio indica que se roban cerca de 67 equipos diariamente en la ciudad, una cifra que mantiene en alerta a la Secretaría de Seguridad.

Lee También

Un factor determinante en la interpretación de estos datos es el subregistro. Muchas víctimas de la modalidad de “raponazo” ejecutada por delincuentes en motocicletas optan por no denunciar.

Esta falta de reporte suele obedecer al escepticismo frente a la efectividad de la justicia o al desinterés por los trámites administrativos, lo que genera una brecha entre la realidad operativa y la base de datos oficial.

La transformación del robo de celulares en Bogotá ha llevado a las bandas criminales a innovar en sus métodos de almacenamiento. Recientemente, operativos conjuntos entre la Policía y el Distrito han revelado el uso de “caletas” en lugares impensados del espacio público.

El pasado 25 de enero, se descubrieron 24 celulares hurtados ocultos dentro de carretillas de comercio ambulante y puestos ilegales de venta de accesorios en el centro de Bogotá.

“Durante este procedimiento se revisaron más de 70 celulares y se evidenció que varios de estos equipos estaban ocultos en carretillas de vendedores informales dedicados a la venta de accesorios y equipos móviles usados. Asimismo, varios de estos celulares que habían sido hurtados no contaban con denuncia”, indicó la Secretaría de Seguridad en su reporte.

Este hallazgo marca un cambio en el patrón logístico. El uso de carretas de ventas informales como centros de acopio móviles dificulta la detección por parte de las autoridades, ya que los dispositivos están listos para ser comercializados en medio de la cotidianidad urbana.

Además, los locales del centro siguen consolidándose como puntos estratégicos de recepción, donde los equipos son manipulados técnicamente para borrar sus registros originales.

Según Andrés Nieto, experto del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central, el robo de un celular no es un hecho aislado. Se trata de una estructura criminal robusta en la que intervienen entre seis y 12 personas desde que se comete el hurto hasta que el dispositivo llega al consumidor final. Esta cadena incluye al asaltante, el transportador, el técnico que desbloquea el equipo y el vendedor final.

Los operativos más recientes, como el hecho el 20 de febrero en el barrio La Capuchina, han puesto la lupa sobre los denominados “paga diarios”. En estos inquilinatos, las autoridades no solo hallaron celulares reportados por robo, sino también armas blancas y municiones. La presencia de estos objetos refuerza la tesis de que el hurto de celulares está estrechamente ligado a otros delitos como el microtráfico y la delincuencia organizada.

El control también ha llegado a los usuarios finales. En inspecciones recientes, personas han sido sorprendidas portando equipos robados, alegando haberlos adquirido sin conocer su procedencia.

No obstante, la Ley 1801 de 2016 contempla sanciones severas bajo su artículo 95 para quienes compren o utilicen equipos reportados. La Policía insiste en que la compra de celulares de dudosa procedencia alimenta el ciclo de violencia y puede acarrear multas económicas y procesos judiciales por receptación.

* Pulzo.com se escribe con Z

LO ÚLTIMO