Por: El Espectador

El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

Este artículo fue curado por pulzo   Oct 9, 2026 - 1:01 pm
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La historia de Rosember Ávila Neva, como la de muchos colombianos, está marcada por la nostalgia de un pasado sencillo y el anhelo de libertad. Oriundo de un pequeño pueblo del altiplano cundiboyacense, Rosember lleva cuatro años privado de la libertad en la Cárcel Distrital de Varones y Anexo de Mujeres de Bogotá, donde espera la definición de su caso, aún sin condena. Mientras enfrenta la dura espera de la justicia, que él mismo señala como lenta, ha encontrado en la cocina una vía para dignificar sus días: preparado con solo una olla y las enseñanzas de su madre, logró cocinar el mejor ajiaco santafereño en el concurso Sabor Bogotá, una iniciativa cultural que valoró el talento culinario en contextos poco convencionales, de acuerdo con El Espectador.

Antes de ocupar su actual lugar en la cocina penitenciaria, Rosember fue topógrafo, obrero y taxista. Su vínculo con la cocina está tejido desde su infancia, cuando ayudaba a su madre a escoger papas para el icónico ajiaco familiar. A través de la disciplina y la paciencia, fue ganándose un espacio en el rancho de la cárcel—aquí, según la Real Academia Española, el ‘rancho’ es la comida elaborada colectivamente para muchos, una herencia del lenguaje militar aplicada en entornos como centros penitenciarios. No solo se encarga de preparar alimentos para más de mil personas, sino que defiende la idea de que todos merecen comer igual de bien, enfatizando la importancia del trato humano y el compartir conocimientos entre compañeros.

La Cárcel Distrital de Varones y Anexo de Mujeres se diferencia del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) y depende de la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia. Allí, las oportunidades de formación y reinserción son diversas: el rancho, donde trabajan 28 internos, es el único taller remunerado, con exigencias similares a las de un restaurante y certificación de la Asociación Americana de Correccionales (ACA).

La victoria de Rosember en Sabor Bogotá no fue solo técnica: su ajiaco respetó la receta tradicional de las tres papas —sin añadidos—, evocando recuerdos de campo y familia. Para él, el verdadero premio es la conexión con su pasado y la gratitud hacia quienes lo acompañan desde la distancia y al interior de la cárcel. Así, su experiencia rinde testimonio de que, aun en encierro, la memoria y el orgullo podrán conservarse y compartirse con humildad.

Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Cómo seleccionan a los internos que participan en la cocina de la Cárcel Distrital?

Según El Espectador, quienes desean trabajar en la cocina deben inscribirse y ser evaluados por la Junta de Evaluación de Trabajo, Estudio y Enseñanza (JETEE). La selección prioriza internos con conocimientos previos, pero también ofrece capacitación a cargo de un chef especializado, garantizando así la calidad y seguridad del servicio alimentario.

¿Qué significa ‘rancho’ en el contexto carcelario de Colombia?

En el contexto de la cárcel, el término ‘rancho’, de acuerdo con la Real Academia Española citado en el reportaje, se refiere tanto a la comida preparada colectivamente para los internos como al espacio físico donde se cocina. Proviene del ámbito militar y resalta la dimensión comunitaria y organizativa de la alimentación en centros penitenciarios.


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