Por: El Espectador

El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

Este artículo fue curado por pulzo   Nov 4, 2026 - 10:06 am
Visitar sitio

El pasado 24 de noviembre se cumplieron diez años de la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP). Aunque este pacto ha recibido apoyo y reconocimiento desde el ámbito internacional, en Colombia continúa enfrentando críticas, dudas y hasta rechazo de parte de algunos sectores, incluidos quienes han sido víctimas del conflicto. De acuerdo con la información del artículo, mientras el resto del mundo saluda este esfuerzo colectivo para dejar atrás el conflicto armado y las graves violaciones a los derechos humanos, internamente persiste una preferencia por viejas estrategias como el uso de la fuerza, las armas y el endurecimiento de penas, que precedieron a este acuerdo.

Desde el principio, existía la esperanza de que, mediante la implementación del Acuerdo Final de Paz, los problemas estructurales de Colombia, marcados por el abandono estatal y la violencia, desaparecerían rápidamente. Sin embargo, llevar el acuerdo a la realidad ha exigido más que buenas intenciones: ha requerido verdadera voluntad política, acciones concretas y un compromiso profundo que los gobiernos posteriores debían asumir. Como resultado, para algunos el acuerdo representa un motor de cambio, reconciliación, fortalecimiento de la democracia y reparación de víctimas; para otros, se ha convertido en fuente de frustración por su lento y fragmentado cumplimiento.

En ese camino, la implementación ha estado condicionada por luchas políticas y diferencias ideológicas entre administraciones. Se menciona que durante el gobierno de Iván Duque hubo oposición que obstaculizó lo pactado. Más tarde, con Gustavo Petro emergieron nuevas expectativas, aunque continuaron los problemas para garantizar la vida de quienes dejaron las armas y cumplir los compromisos. Petro incluso propuso la creación de un tribunal único de cierre, en reemplazo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Por otra parte, la administración de Abelardo De La Espriella ha presentado cuestionamientos al modelo de justicia transicional, desestimando la actuación de la JEP y criticando sus resultados en cuanto a los recursos empleados y supuestos niveles de impunidad.

Pese a los conflictos internos, el Acuerdo ha sido destacado internacionalmente. El Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame lo categorizó como uno de los acuerdos más completos. La Misión de Verificación de Naciones Unidas (ONU) sigue respaldando su aplicación y la reincorporación de excombatientes, aunque ahora, por solicitud gubernamental, sin cubrir la Reforma Rural Integral. Además, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional ha reconocido la relevancia de la justicia transicional en Colombia y la labor de la JEP para proteger los derechos de las víctimas.

Hay logros significativos, como la desmovilización de las FARC-EP, la reincorporación de miles de excombatientes, programas de desarrollo territorial, avances en verdad y reparación. Sin embargo, quedan asuntos pendientes: la reparación plena de las víctimas, mayor protección para exguerrilleros, la culminación de la reforma agraria y eficacia en las decisiones de la JEP.

A diez años, el Acuerdo Final de Paz debe cumplirse como política de Estado, con un análisis crítico pero objetivo, reconociendo su importancia histórica y su carácter constitucional por encima de coyunturas partidistas.

¿Cuáles son los principales retos pendientes tras diez años del Acuerdo Final de Paz en Colombia?

Entre los desafíos principales destacan la necesidad de reparar de manera integral a las víctimas, asegurar su participación efectiva en los procesos judiciales, proteger la vida y derechos de los excombatientes, completar la reforma agraria y agilizar las decisiones de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) para sancionar y resolver las situaciones jurídicas pendientes.

¿Qué es la Jurisdicción Especial para la Paz y cuál es su función dentro del Acuerdo Final de Paz?

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) es el mecanismo de justicia transicional creado en el marco del Acuerdo Final de Paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP. Su función es investigar, juzgar y sancionar los crímenes más graves ocurridos durante el conflicto armado, priorizando la verdad, la reparación a las víctimas y la garantía de no repetición.

Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

Polémicas y logros de Petro

En este análisis hacemos un recorrido por los principales hitos, reformas, crisis, escándalos y transformaciones que marcaron el primer gobierno de izquierda en la historia reciente de Colombia. Desde la Paz Total, las reformas pensional, laboral y de salud, hasta los casos de la UNGRD, Nicolás Petro, Laura Sarabia, Armando Benedetti y las controversias por la política de seguridad, este especial reúne algunos de los momentos que definieron el mandato de Gustavo Petro entre 2022 y 2026. También revisamos el comportamiento de la economía, el salario mínimo, la pobreza, el desempleo, la transición energética, la política ambiental, las relaciones con Estados Unidos, Venezuela e Israel, y el papel de Colombia en escenarios internacionales como la COP16. Más que un juicio político, este video busca contextualizar los hechos que marcaron uno de los gobiernos más debatidos y polarizantes de la historia reciente del país.

* Pulzo.com se escribe con Z

Lee todas las noticias de nación hoy aquí.