La educación media en Colombia atraviesa uno de sus mayores desafíos. Un nuevo informe del Observatorio de Realidades Educativas (ORE) de la Universidad Icesi revela que apenas uno de cada dos adolescentes que debería estar cursando décimo u once grado realmente permanece en el sistema educativo, una situación que, según los investigadores, debería convertirse en una prioridad para el próximo Gobierno.
El estudio, titulado Cobertura y abandono escolar en educación media, muestra que el país continúa perdiendo a cientos de miles de estudiantes antes de que culminen su formación escolar, un fenómeno que responde tanto a problemas estructurales del sistema como a factores sociales y económicos.
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El informe parte de una cifra que evidencia la magnitud del problema. De los cerca de 971.000 niños que ingresaron a primero de primaria en 2013, únicamente 536.000 lograron llegar a grado once en 2023.
Esto significa que alrededor de 430.000 estudiantes, equivalentes al 45 % de esa generación, abandonaron su trayectoria educativa antes de terminar el bachillerato.
De acuerdo con el Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad Icesi, el comportamiento no corresponde a un hecho aislado. La cohorte que culminó sus estudios en 2022 presentó resultados similares, con apenas un 55 % de continuidad entre el inicio y el final del ciclo escolar.
Los investigadores atribuyen buena parte del problema a una condición normativa que se ha mantenido durante décadas: en Colombia la educación obligatoria llega únicamente hasta noveno grado.
En consecuencia, los grados décimo y once no hacen parte del nivel obligatorio establecido por la Constitución, situación que, según el informe, ha reducido la prioridad de este ciclo dentro de las políticas públicas.
Mientras durante años el país concentró sus esfuerzos en ampliar la cobertura de la educación primaria y posteriormente enfocó recursos hacia la educación superior, la educación media quedó rezagada.
Como resultado, la cobertura neta para jóvenes entre 15 y 16 años apenas alcanza el 51 %, la cifra más baja de todo el sistema educativo colombiano.
En contraste, la cobertura llega al 87 % en primaria y al 77 % en secundaria, mientras que el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se ubica alrededor del 84 %.El estudio también evidencia profundas brechas territoriales.
Mientras municipios como Sabaneta (Antioquia) y Sogamoso (Boyacá) registran que cerca de ocho de cada diez adolescentes permanecen escolarizados, departamentos como Vichada y Guainía apenas alcanzan una cobertura cercana a uno de cada diez jóvenes.
Estas diferencias, según los investigadores, reflejan desigualdades históricas en acceso, infraestructura y oportunidades educativas.
A las conclusiones del informe de la Universidad Icesi se suma una evaluación realizada por la Fundación Barco, que analizó el comportamiento de estudiantes rurales mediante el modelo ESCALA, implementado entre 2025 y 2026 en instituciones educativas de Caldas, Norte de Santander, Valle del Cauca, Huila, Meta y Magdalena.
Uno de los principales hallazgos es que parte de lo que las estadísticas oficiales registran como deserción corresponde, en realidad, a procesos de movilidad laboral de las familias.
En municipios donde la economía depende de actividades agrícolas temporales, numerosos hogares migran durante ciertas temporadas para buscar empleo y posteriormente regresan, retirando y matriculando nuevamente a sus hijos de manera recurrente.
Por ejemplo, en Ciénaga (Magdalena), el 78,6 % de los docentes identifica el cambio de residencia como la principal causa de salida de los estudiantes, mientras que en Dagua (Valle del Cauca) ese porcentaje alcanza el 100 %.
La Fundación Barco considera que el sistema educativo necesita incorporar indicadores específicos para diferenciar la movilidad poblacional del abandono definitivo, ya que actualmente ambos fenómenos terminan reflejados bajo una misma categoría.
El estudio identifica otros factores que influyen en la permanencia escolar. Uno de ellos es la ausencia de un proyecto de vida claro. En Bochalema (Norte de Santander), el 77,8 % de los estudiantes en riesgo de abandonar sus estudios manifestó que no percibe la educación como una oportunidad para mejorar su futuro.
En Huila, apenas el 37,5 % considera viable acceder a la educación superior debido a barreras económicas, geográficas y de seguridad.
María Camila Arango Isaza, coordinadora de programas de la Fundación Barco, explicó que el desinterés escolar responde, en muchos casos, a la falta de alternativas reales.
“La falta de motivación en las aulas rurales es el reflejo de un entorno sin alternativas reales. Cuando no hay opciones técnicas o profesionales accesibles, el desinterés es una respuesta realista a las limitaciones materiales del territorio”, señaló.
La investigación también encontró que muchos jóvenes abandonan el colegio porque comienzan a trabajar antes de graduarse.
En Bochalema, más de la mitad de los estudiantes que expresaron intención de dejar el sistema educativo ya desempeñaban actividades remuneradas. En Puerto López (Meta), cuatro de cada diez reconocieron que el trabajo les impide cumplir adecuadamente con sus responsabilidades académicas.
A ello se suman factores como el embarazo adolescente, identificado en municipios como Dagua, y el impacto del consumo de sustancias psicoactivas y del microtráfico.
En Villamaría (Caldas), los docentes estiman que entre el 40 % y el 50 % de sus estudiantes presenta algún nivel de consumo de drogas. En Puerto López, el 93,3 % de los maestros considera que el microtráfico afecta directamente la asistencia escolar.
Otro de los problemas señalados por la Fundación Barco es la constante rotación de profesores en instituciones rurales.
En uno de los establecimientos evaluados en Huila, el 90 % del personal docente fue reemplazado en apenas tres años. En Magdalena, la rotación oscila entre el 70 % y el 75 %, situación que dificulta la continuidad de estrategias para prevenir la deserción escolar.
Los investigadores concluyen que el abandono en la educación media responde a múltiples factores que trascienden las aulas y requieren respuestas coordinadas entre los sectores educativo, social, económico y de salud.
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El informe de la Universidad Icesi también advierte sobre un desafío adicional: la disminución sostenida de los nacimientos en Colombia.
Aunque podría pensarse que una menor población estudiantil aliviaría la presión sobre el sistema educativo, los investigadores sostienen que, si la cobertura en educación media no mejora al mismo ritmo, el país tendrá cada vez menos jóvenes culminando el bachillerato.
Según el análisis, este escenario podría generar efectos a largo plazo sobre la educación superior, el mercado laboral y la disponibilidad de talento humano calificado.
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