La actriz, escenógrafa y vestuarista Carolina Trujillo, reconocida por su amplia trayectoria en el teatro, el cine y la televisión colombiana, atraviesa una delicada situación económica que pone en riesgo la continuidad de Barcarola, un museo–bar cultural ubicado en el centro de Bogotá que ella misma creó y ha sostenido durante más de 25 años.
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Trujillo es recordada por su papel de Francisca García Muriel en la telenovela ‘La casa de las dos palmas’ de 1991, así como por sus participaciones en producciones como ‘Vanessa’, ‘Los pecados de Inés de Hinojosa’, ‘Caballo viejo’ ‘LP loca pasión’ y ‘Los dueños del poder’.
A lo largo de su carrera compartió escena con actores como Gustavo Angarita, Jaime Saldarriaga, Martha Silva y Vicky Hernández. Además, cuenta con formación artística en Francia, donde perfeccionó su trabajo en actuación, escenografía y vestuario.
Desde hace más de dos décadas, Carolina Trujillo ha dedicado gran parte de su vida a Barcarola, un espacio cultural que exhibe más de 100 figuras en miniatura hechas en porcelana, a las que ella llama “monos”, cuidadosamente elaboradas para recrear distintas etapas de la historia de la humanidad a través del vestuario. El proyecto nació hace 30 años, cuando alquiló un local y decidió convertirlo en un museo enfocado en la memoria histórica del traje.
Este sueño llamado Barcarola nació de su pasión por la lectura, la historia, la moda y el arte, intereses que, según afirmó, “siempre quise compartir”.
Sin embargo, la situación económica del lugar se ha vuelto insostenible. Según relató la actriz en uno de los recientes informes de ‘La red’, programa transmitido por las pantallas de Caracol Televisión, los problemas comenzaron tras la temporada de epidemia del COVID -19. “Desde la pandemia que se paralizó todo y entonces me empecé a colgar con los arriendos”, explicó.
Actualmente, la continuidad del emblemático lugar está en riesgo debido a las deudas acumuladas por el canon de arrendamiento. Carolina Trujillo señaló que, por ahora, el espacio será abierto únicamente como exposición, mientras se define el futuro del proyecto. “Ahora lo voy a abrir por un mes como exposición y si no, guardo todo”, afirmó.
Al ser consultada sobre cómo ha logrado sostener el arriendo del local, fue directa: “No pago nada”, situación que ha causado inconformidad entre los propietarios del inmueble. También indicó que, aunque existe un proceso legal en curso, no se ha ocultado de la situación. “Yo no me he escondido, aquí estoy”, manifestó.
De acuerdo con lo expuesto en el reportaje, Trujillo logró, gracias a su trabajo artístico, adquirir tres apartamentos a lo largo de su vida. Sin embargo, recientemente se vio obligada a vender uno de ellos para abonar a la deuda del local. A pesar de ese esfuerzo, el monto adeudado continuó aumentando y los propietarios del inmueble iniciaron un proceso de restitución.
Esta situación también ha impactado su estabilidad personal. Según explicó, al no poder abrir Barcarola de manera regular, la deuda no solo afecta al museo, sino también a su cotidianidad. “Vivo de la renta de ahora de un apartamento y no más”, dijo, al señalar que la asociación a la que pertenece cubre su EPS.
En busca de apoyo, Carolina Trujillo ha tocado múltiples puertas. Asegura haber solicitado ayuda a museos y al Ministerio de Cultura, sin obtener respuestas favorables. “Yo llevo 30 años escribiendo cartas y ni siquiera me contestan”, afirmó. Según explicó, algunas personas interesadas en la colección han pretendido obtenerla sin compensación económica, pese a la inversión de dinero, tiempo y trabajo que ha implicado su creación.
Al ser consultada sobre su deseo frente al futuro de Barcarola, respondió: “Que prevalezca. ¿Para qué lo hice?”, aunque también expresó el cansancio acumulado tras años de esfuerzo. “Ya estoy cansada y ya no me importa desbaratar todo y guardarlo”, dijo.
De acuerdo con su abogada, la deuda por concepto de arriendo del local ronda los 80 millones de pesos. Trujillo fue enfática al señalar que ya no quiere seguir enfrentando esa carga. “no quiero saber de nada”, expresó.
En uno de los momentos más conmovedores del informe, la actriz reflexionó sobre su situación actual y las expectativas que tenía para vivir su vejez. “Trabajé toda la vida para no estar así, pero así fue”, afirmó, reconociendo que no imaginó llegar a esta etapa en estas condiciones.
Ante la gravedad del panorama, personas cercanas han creado una vaki con la esperanza de recaudar recursos que permitan saldar parte de la deuda y evitar el cierre definitivo del museo. Mientras tanto, la colección, resultado de décadas de investigación y creación, corre el riesgo de ser desmontada, almacenada y olvidada.
El caso de Carolina Trujillo pone de relieve la compleja realidad que enfrentan muchos artistas en el país y deja en evidencia las dificultades para sostener proyectos culturales independientes a largo plazo.
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