El fútbol de barrio, ese que suele reunir a comunidades enteras alrededor de una cancha, quedó marcado por la violencia tras el asesinato del árbitro en Ecuador, un hecho que vuelve a poner en evidencia la creciente inseguridad que golpea a varios países de Sudamérica.
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La víctima fue Javier Ortega, un juez reconocido en torneos aficionados de la provincia de El Oro, quien perdió la vida mientras dirigía un partido. De acuerdo con la primera información compartida por las autoridades, hombres armados irrumpieron en el escenario deportivo y, sin mediar palabra, dispararon contra él en plena cancha, desatando el pánico entre jugadores y asistentes.
El encuentro, que se disputaba con normalidad, terminó abruptamente cuando los disparos obligaron a todos a buscar refugio. Testigos relataron que el ataque fue directo y repentino, y que Ortega recibió al menos un impacto mientras cumplía con su labor arbitral. Tras lo ocurrido, las autoridades acordonaron la zona para adelantar las primeras diligencias judiciales y el levantamiento del cuerpo.
La muerte del árbitro generó una profunda conmoción en la comunidad, recordando que era una figura habitual en el fútbol barrial, donde se había ganado el respeto de jugadores y organizadores. En señal de duelo, vecinos encendieron velas y exigieron respuestas, mientras el club responsable del torneo decidió suspender los próximos partidos hasta que se esclarezca el crimen.
En paralelo, familiares y allegados llegaron al lugar para pedir celeridad en las investigaciones. Las autoridades confirmaron la apertura de un proceso judicial y aseguraron que ya se adelantan labores para identificar a los responsables, incluyendo la recolección de testimonios y la revisión de grabaciones realizadas por asistentes.
“Se trata de un crimen cometido a sangre fría en un espacio destinado al deporte y la comunidad”, señaló un portavoz policial, quien agregó que el objetivo es esclarecer tanto la autoría como el móvil del ataque.
El caso ha reavivado un debate que va más allá de lo ocurrido en Ecuador. En distintos puntos de Sudamérica, la violencia ha comenzado a infiltrarse incluso en escenarios recreativos, reflejando las dificultades de las autoridades para controlar fenómenos como el sicariato y la delincuencia organizada.
Dirigentes del fútbol aficionado han pedido mayor presencia de la fuerza pública durante los partidos, así como la implementación de medidas preventivas como mejor iluminación, controles de acceso y estrategias de mediación comunitaria.
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“Es inaceptable perder la vida por un partido de fútbol”, expresó un vocero del deporte local, en medio del dolor colectivo que deja un hecho que enluta no solo a una comunidad, sino a todo un país que sigue buscando respuestas frente a la inseguridad.
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