El Colombiano es un grupo editorial multiplataforma con más de 110 años de existencia. Nació en la ciudad de Medellín en Antioquia. Fundado el 6 de febrero de 1912 por Francisco de Paula Pérez, se ha especializado en la investigación y generación de contenidos periodísticos para diferentes plataformas en las que provee a las a...
La entrega del primer teléfono móvil a los hijos ha desatado inquietudes profundas en familias y educadores de todo el mundo. Aunque la preocupación por los efectos de las pantallas sobre el bienestar y la salud mental de los jóvenes es común, hasta hace poco la evidencia concreta seguía siendo escasa. Sin embargo, una investigación reciente ha ofrecido claves relevantes al respecto. De acuerdo con un estudio de gran escala publicado en la revista ‘JAMA Pediatrics’, que hizo seguimiento a 1.959 adolescentes sin móvil previo, el acto de dar un smartphone a los 13 años no está vinculado directamente con el desarrollo de depresión u obesidad un año después. El impacto más inmediato se observa en la calidad del sueño: la presencia del nuevo dispositivo aumenta en 29 % la probabilidad de que los adolescentes sufran sueño insuficiente.
No obstante, el análisis va más allá del simple hecho de tener un smartphone. El verdadero factor crítico es el tiempo y la intensidad de uso. Según los resultados del estudio, quienes usan el móvil más de cinco horas diarias duplican ampliamente los riesgos de depresión (2,27 veces mayor) y obesidad (2,66 veces mayor) frente a quienes lo emplean menos de dos horas al día. Además, el uso excesivo incrementa considerablemente el riesgo de dormir menos de las ocho horas recomendadas.
Rinanda Shaleha, investigadora de la Universidad Estatal de Pennsylvania (Penn State), destaca que el momento del día, el fin del uso del móvil y el grado de interactividad son variables determinantes en los efectos psicológicos del entorno digital. Un consumo pasivo, como ver videos cortos de forma ininterrumpida, exige al cerebro procesos intensivos que dificultan la autorregulación y alteran la memoria de trabajo, apunta el profesor Nelson Roque de Penn State. Estos efectos negativos se ven potenciados por lo que los expertos llaman ‘Dark UX’ o experiencia de usuario oscura: estrategias de diseño en redes sociales como el ‘infinite scroll’ que explotan los mecanismos de recompensa del cerebro para retener la atención y desplazar actividades esenciales.
Frente a este reto, la recomendación más eficaz, según el Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP) y la Universidad de Pennsylvania, es mantener los dispositivos fuera de los dormitorios. Esta medida simple reduce en un 36 % la probabilidad de sueño insuficiente, de acuerdo con los datos de ‘JAMA Pediatrics’. Es relevante resaltar que el estudio no halló diferencias significativas entre géneros ni entre días de semana y fines de semana, aunque se señala que algunos efectos podrían volverse más notorios en fases posteriores de la adolescencia.
Los autores concluyen que si bien el acceso al smartphone a los 13 años no implica riesgos por sí solo, ciertos patrones de uso deben controlarse estrictamente. Hasta que existan regulaciones que frenen las prácticas más adictivas, insisten en combinar acceso responsable, normas claras, y exclusión de dispositivos en horas de descanso para proteger la salud mental y física de los jóvenes.
¿Qué riesgos trae el uso excesivo del teléfono móvil en adolescentes?
De acuerdo con el estudio publicado en ‘JAMA Pediatrics’, el uso del móvil por más de cinco horas diarias duplica, e incluso triplica en algunos casos, el riesgo de depresión, obesidad y sueño insuficiente en adolescentes en comparación con un uso inferior a dos horas. Los riesgos están directamente relacionados con los patrones de consumo prolongado y pasivo, especialmente ante contenidos fraccionados y estrategias como el desplazamiento infinito en redes sociales.
¿Cómo afecta la ‘Dark UX’ el comportamiento digital de los jóvenes?
La ‘Dark UX’ o experiencia de usuario oscura se refiere a estrategias de diseño en aplicaciones diseñadas para incrementar el tiempo de uso, como el ‘infinite scroll’ o la reproducción automática de videos. Estas herramientas manipulan los circuitos de recompensa cerebral, fomentando una sobreestimulación que dificulta la autorregulación y desplaza actividades fundamentales como el deporte o el estudio, lo que puede afectar negativamente el bienestar de los adolescentes.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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