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En el inicio del año escolar, la preparación de la lonchera representa un reto cotidiano para las familias. No solo se trata de garantizar que los alimentos enviados a los niños sean balanceados y saludables, sino también de superar las dudas que surgen frente a la necesidad de ofrecer opciones atractivas y que se adecuen a los horarios y gustos infantiles. Según expertos en nutrición citados por El Colombiano, el interés de los cuidadores radica en brindar a los menores preparaciones simples, prácticas y que realmente contribuyan a su bienestar nutricional en las largas jornadas escolares.
Frente a este panorama, Paola Yanquen, gerente de Asuntos Regulatorios Alimentarios de la empresa Alpina, propone la fórmula 1+1+1+1 como una solución eficiente. Esta estrategia consiste en agregar en cada lonchera una porción de fruta o verdura, un cereal o su derivado, una fuente de proteína y agua. La especialista indica que la flexibilidad de este esquema facilita su cumplimiento, ya que no exige recetas complejas ni productos difíciles de conseguir. Se trata de una estructura adaptable, que involucra los alimentos que la familia suele tener al alcance y que logra combinar energía, fibra, proteínas, vitaminas y minerales.
La importancia de la lonchera, según indica Yanquen, radica en su función de complemento a las comidas principales, como el desayuno y el almuerzo, sin pretender reemplazarlas. Desde esta perspectiva, la clave pasa por entender la alimentación infantil como un conjunto de hábitos consistentes, más allá de la presión de alcanzar la “lonchera perfecta” en cada jornada. Esta visión permite a los padres aliviar la ansiedad asociada y concentrarse en la formación de patrones de consumo saludables.
Este enfoque está respaldado por el Ministerio de Salud, que sugiere la inclusión de distintos grupos alimenticios: frutas, verduras, cereales integrales, lácteos, carnes magras y huevos, evitando a su vez los productos ultraprocesados y las bebidas azucaradas que restan valor nutricional.
Un aspecto central recomendado por las guías internacionales de nutrición, como las de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, es la presencia constante de frutas enteras y agua en cada comida del niño. Las frutas suministran vitaminas, fibra y minerales que contribuyen a la sensación de saciedad y niveles energéticos estables, mientras que el agua asegura una hidratación adecuada durante horas de estudio y juego.
La participación activa de los niños en la selección y organización de su propia lonchera es promovida también por estos organismos, no solo como una manera de diversificar el menú, sino como una oportunidad para desarrollar conciencia alimentaria desde la infancia.
Otra recomendación subrayada por los especialistas consiste en no emplear la comida como premio o castigo. Asociar la alimentación con conductas correctivas puede sembrar hábitos emocionales poco saludables e impedir que los niños aprendan a reconocer señales de hambre y saciedad. En cambio, la lonchera puede convertirse en una herramienta pedagógica donde se refuerzan estos aprendizajes positivos a diario.
Finalmente, considerar opciones simples como lácteos (queso, yogurt, leche), proteínas fáciles de empacar (huevo cocido, pollo, atún), cereales integrales (pan, arepas, galletas de avena) y una variedad de frutas y verduras garantiza practicidad y balance sin convertir la rutina en una carga excesiva.
¿Por qué es importante evitar los productos ultraprocesados en las loncheras escolares?
En diversas guías nacionales e internacionales citadas en el artículo, se menciona la necesidad de disminuir el consumo de productos ultraprocesados –aquellos con múltiples aditivos y escaso valor nutricional–, especialmente en la dieta infantil. Estos productos suelen contener cantidades elevadas de azúcares añadidos, grasas saturadas, sodio y conservantes, elementos que pueden desplazar la ingesta de alimentos frescos y ricos en nutrientes esenciales para el correcto desarrollo.
El énfasis en alimentos naturales y mínimamente procesados busca fomentar hábitos alimenticios saludables desde temprana edad. Este enfoque contribuye no solo al bienestar físico del niño, sino también a la formación de una relación consciente y equilibrada con la comida, fundamental para prevenir enfermedades crónicas y promover la salud a largo plazo.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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