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En la memoria de Valledupar, el nombre de Fidelina Redondo sigue resonando como símbolo de tradición y dulce resistencia. Aunque falleció en 2020, su legado vive en cada toronja confitada, bollo de maduro y panela cuidadosamente preparados en su antigua casa, hoy dirigida por su hija, Piedad Vega Redondo. Según ‘EL PILÓN’, Fidelina empezó su célebre camino en 1960, transformando conocimientos familiares en una dulcería reconocida que se convirtió en punto de reunión y tertulias para toda la ciudad. De acuerdo con el testimonio de Piedad, muchos de los clientes llegaban no solo en busca de postres, sino también de conversación y recuerdos compartidos en torno a un café o agua de maíz.
La tradición dulcera de la familia tuvo sus raíces en Nicolasa, madre de Fidelina, quien enseñó los primeros secretos de la cocina a partir de la necesidad y aprovechando productos locales como la toronja, la papaya y la panela. “Fidelina aprendió de ahí”, relata Piedad, recordando cómo los saberes se transmitieron entre generaciones, aún sin formación formal más allá de la primaria. La dulcería creció en casa, perfeccionada con el tiempo y complementada por influencias como la de Amantina Castro, amiga y madrina de Piedad, quien llevó a Fidelina utensilios y el libro ‘El arte mexicano del azúcar’. Este material, sumado a la observación y la experiencia, ayudó a Fidelina a especializarse en el arte del pastillaje, es decir, la creación de figuras decorativas en azúcar.
Tras la muerte de su madre, Piedad debió recuperar la precisión de las recetas tradicionales. El desafío consistía en mantener intacta la “sensación gustativa” que sigue atrayendo a los clientes, muchos de ellos personas mayores que reconocen de inmediato las diferencias entre una toronja auténtica y un pomelo. “El cliente regresa por esa misma sensación”, cuenta Piedad. Más allá de replicar técnicas, la era de Piedad se caracteriza por la renovación: modernización de vitrinas, empaque y estrategias para conectar con nuevas generaciones a través de redes sociales.
Sin embargo, la dulcería enfrenta amenazas que van más allá del cambio de gustos. Parte de las frutas icónicas, como la toronja o la grosella, empiezan a desaparecer por plagas o menor cultivo. Piedad ha apostado por sembrar estas especies en su finca y experimentar con combinaciones innovadoras, como dulce de coco con maracuyá. El homenaje a Fidelina en la octava Feria Gastronómica de EL PILÓN representa el esfuerzo por recuperar la experiencia social y el folclore que, junto con la gastronomía cesarense, conforman la identidad de Valledupar.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cuál es el legado de Fidelina Redondo en la gastronomía tradicional de Valledupar?
Fidelina Redondo dejó una huella profunda en la cultura gastronómica de Valledupar al consolidar una dulcería de tradición, transmitiendo técnicas familiares y transformando su casa en un epicentro de encuentro y tertulia. Su legado sobrevive en la continuidad de las recetas originales, la persistencia ante el cambio de gustos y la adaptación a nuevas generaciones, además de rescatar la experiencia social que siempre acompañó la venta de dulces típicos.
¿Por qué están desapareciendo algunas frutas usadas en la dulcería tradicional de Valledupar?
De acuerdo con testimonios recogidos en ‘EL PILÓN’, varias frutas empleadas por décadas en los dulces tradicionales, como la toronja, la papaya verde y la grosella, son cada vez más escasas. Esto se debe a factores como plagas en los cultivos, la reducción de siembras por la búsqueda de especies más rentables y el cambio en las prácticas agrícolas, lo que ha llevado a iniciativas familiares para resembrarlas y preservar estas tradiciones.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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