La sexóloga Lina Betancurt quiso acabar con el hecho de que la mujer se acuesta y abre sus piernas para que el hombre la penetre constantemente y dejar el acto hasta ese hecho, donde él hace todo. El sexo es de exploración, sensaciones y de los que estén involucrados en el acto.

Cuando el misionero se basa en la penetración del hombre, no importa cuánto cambie sus ritmos o profundidades de penetración, si la mujer no actúa jamás llegará al orgasmo, aseguró la experta. Por lo anterior, Betancurt quiso dar algunos consejos para que esta pose sea más interesante.

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  • Hablarle al odio al hombre, decirle cuánto disfruta de su forma de tener sexo, hablarle sucio. También se puede aprovechar para darle una que otra mordida en el lóbulo de la oreja y masajear su espalda.
  • Cuando se hace el misionero con las piernas estiradas se puede aprovechar para que haya una mayor fricción moviendo las caderas circularmente y jugando con las contracciones vaginales.

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  • Si el misionero se está haciendo mientras las piernas abrazan la cadera del hombre, la mujer tiene la libertad de hacer movimientos circulares y laterales con su cadera, lo que estimulará sus paredes vaginales. Se puede seguir jugando con las contracciones vaginales; apretar y soltar.

El último consejo de la sexóloga fue que la mujer aprendiera a tener cierto dominio sobre las posiciones, es decir, realizarar un trabajo en equipo ya que el orgasmo no llegará por arte de magia y la responsabilidad de este no debe depender única y exclusivamente del desempeño del hombre.

Esta es la explicación detallada: