Por: DIARIO OCCIDENTE

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 10, 2026 - 10:52 pm
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A pesar de los numerosos esfuerzos y múltiples políticas públicas para promover la actividad física a nivel global, tres estudios internacionales recientes publicados en Nature Medicine y Nature Health revelan que los niveles mundiales de ejercicio no han presentado avances significativos en los últimos veinte años. Las investigaciones enfatizan que, a pesar del desarrollo de estrategias desde gobiernos y entidades de salud, la incidencia de actividad física en la población general se mantiene estancada, lo que ha provocado preocupación entre expertos y responsables de salud pública.

De acuerdo con estos estudios, cerca de uno de cada tres adultos y ocho de cada diez adolescentes no consiguen alcanzar las recomendaciones mínimas establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este organismo recomienda a los adultos practicar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, mientras que para jóvenes y niños, la cifra asciende a 60 minutos diarios. El incumplimiento de estas pautas tiene repercusiones profundas: la inactividad física es responsable anualmente de más de cinco millones de muertes en todo el mundo, consolidándose como uno de los principales factores de riesgo para la salud pública global.

Un meticuloso análisis conducido por Andrea Ramírez Varela examinó 661 documentos de política sobre ejercicio en 200 países entre 2004 y 2025 y halló que, aunque el número de estrategias se ha incrementado, pocas poseen criterios claros sobre su ejecución. Solamente el 38,7% de las políticas analizadas asigna responsabilidad a tres o más sectores gubernamentales, y un 26,5% carece de metas específicas. Entrevistas con autoridades y expertos recogidas en el estudio indican que, aunque la promoción de la actividad física ha cobrado mayor importancia en las agendas nacionales, sigue siendo considerada una prioridad secundaria frente a otros desafíos de salud pública.

La desigualdad social y de género constituye otro desafío señalado. Según un estudio liderado por Deborah Salvo en 68 países, existen diferencias sustanciales: en los grupos favorecidos (hombres con altos ingresos en países ricos) la práctica recreativa es 40 puntos porcentuales mayor que en mujeres de bajos ingresos en países de renta baja, donde la actividad física se asocia más a la necesidad que al ocio.

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Asimismo, se recuerda que los beneficios del ejercicio —como reducir el riesgo de enfermedades crónicas o mejorar la salud mental— siguen sin alcanzar de manera equitativa a todos los sectores de la sociedad. Esta brecha se acentúa por factores externos como el cambio climático. Un tercer estudio, dirigido por Erica Hinckson, explora cómo la crisis ambiental interactúa con los hábitos de movimiento: políticas orientadas a promover el caminar, el uso de la bicicleta y el transporte público pueden aportar no solo al fomento del ejercicio, sino también a la reducción de emisiones contaminantes. Sin embargo, fenómenos extremos, la contaminación y la planificación urbana deficiente pueden dificultar la práctica activa.

Todos estos hallazgos refuerzan la necesidad de enfoques integrados que conjuguen salud pública, urbanismo, transporte y políticas climáticas, con énfasis en acciones coordinadas que prioricen a las comunidades vulnerables y superen el mero enunciado político para convertirse en realidades.

¿Por qué es relevante establecer metas medibles en las políticas públicas de actividad física?

La definición de objetivos claros y medibles es crucial para que las políticas públicas pasen de la teoría a la práctica. Dicha precisión permite evaluar el impacto de las iniciativas, identificar los sectores responsables e incrementar la rendición de cuentas entre los actores involucrados. Según el análisis citado en Nature Medicine, menos del 40% de las estrategias revisadas asignaban responsabilidades concretas a varios sectores y un porcentaje considerable prescindía de metas cuantificables, lo que limita la capacidad de realizar seguimientos efectivos.

Sin metas específicas, resulta difícil determinar si las intervenciones realmente influyen en los hábitos de la población. Los expertos consultados en los estudios coinciden en que mejorar la transparencia y la rigurosidad en la formulación de políticas es esencial para superar el estancamiento en los niveles globales de actividad física y garantizar que los beneficios lleguen realmente a todos los segmentos sociales.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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