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El reciente terremoto de 7,4 grados que sacudió el occidente colombiano el 10 de agosto ha dejado una profunda herida en múltiples departamentos del país. A solo cuatro días de la tragedia, la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres informó un balance sombrío: 273 personas fallecidas, 3.824 heridas, 377 desaparecidas y 40.753 familias afectadas, especialmente en Chocó, Risaralda, Valle del Cauca, Caldas y Quindío. Pero el daño físico es incluso más abrumador, con 12.583 viviendas destruidas y 74.873 averiadas, 172 edificios colapsados, 2.198 centros educativos y 216 de salud afectados, así como infraestructuras claves como bancos, acueductos y aeropuertos con daños serios.
Ante la magnitud de la destrucción, surgen preguntas sobre el costo y la manera de financiar la reconstrucción. Las comparaciones con el sismo de 1999, que azotó el Eje Cafetero, se hacen inevitables. En aquella ocasión, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), fueron 1.185 las víctimas fatales, 8.536 los heridos y más de 35 mil viviendas quedaron inhabitables. El daño económico se calculó en 2,7 billones de pesos, equivalente al 2,2 % del Producto Interno Bruto (PIB) de 1998.
La respuesta estatal fue la creación del Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC), una iniciativa propuesta al entonces presidente Andrés Pastrana por Luis Carlos Villegas Echeverri, quien presidió ese fondo. El FOREC contó con una administración alejada de la burocracia y la politiquería, incluyendo gremios, universidades, fundaciones y organizaciones no gubernamentales (ONG). Manejó recursos equivalentes a 1.000 millones de dólares, el 1 % del PIB nacional, en los que el 96 % provenía del presupuesto nacional y el 4 % de donaciones, según relató Villegas en el Diario del Otún. Además, la Federación Nacional de Cafeteros gestionó la reparación rural en tiempo récord, bajo vigilancia del propio FOREC.
Las labores del FOREC, certificadas por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), transformaron la región: se modernizó la infraestructura, se reconstruyeron acueductos, centros educativos, viviendas, templos y organismos estatales. Ejemplos como las fundaciones lideradas por cámaras de comercio y reconocidas ONG dan fe de la experiencia exitosa. Ahora, frente a daños aún mayores y una zona más extensa, Colombia discute si otro fondo especial como el FOREC es el camino para coordinar con eficacia la reconstrucción y evitar las fallas del pasado. Las lecciones de entonces, aunque los tiempos y desafíos sean diferentes, parecen más vigentes que nunca.
¿Cómo funcionó el Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC) en 1999?
El FOREC fue un fondo especial creado tras el terremoto de 1999 para coordinar, administrar e invertir los recursos destinados a la reconstrucción del Eje Cafetero. Se caracterizó por su independencia de la burocracia estatal tradicional y la inclusión de universidades, ONG, gremios y líderes regionales. Administró recursos principalmente del presupuesto nacional y se enfocó en la transparencia, logrando la modernización de infraestructuras clave y la rápida atención a las comunidades afectadas.
¿Cuáles fueron los principales daños del terremoto reciente en el occidente colombiano?
De acuerdo con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, el sismo provocó la muerte de 273 personas y dejó más de 40 mil familias afectadas. Se destruyeron más de 12.500 viviendas, se averiaron cerca de 75 mil más y colapsaron 172 edificios. Además, hubo graves afectaciones en centros educativos, de salud, acueductos, bancos y aeropuertos en los departamentos de Chocó, Risaralda, Valle del Cauca, Caldas y Quindío.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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