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Este artículo fue curado por pulzo   Ago 29, 2025 - 12:53 pm
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La reciente intervención de la Seccional de Carabineros y Protección Ambiental, en colaboración con la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas), dejó al descubierto una compleja operación de minería ilegal mediante la excavación de socavones, métodos profundamente nocivos y ejecutados sin permiso alguno. El decomiso y destrucción de cuatro motobombas junto a otros equipos especializados evidencia que no se trataba de una acción aislada ni rudimentaria, sino de una práctica articulada que vulneraba tanto la normatividad ambiental como la seguridad de los recursos más preciados para la región. En el centro del debate se encuentra el río afectado por estas acciones, cuya importancia abarca la generación de energía limpia, el abastecimiento básico de acueductos rurales y la consolidación de la oferta turística ligada a la naturaleza, según reportó el medio local La Patria.

Este episodio se inserta en el contexto más amplio de la minería ilegal en Colombia, un fenómeno que en las últimas dos décadas se ha expandido de manera alarmante y que hoy constituye un problema estructural para el país. Tal como lo resalta el Estudio sobre minería ilegal del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga (2023), las actividades extractivas no reguladas han generado elevados índices de contaminación con metales pesados, pérdida acelerada de bosques, daños a la biodiversidad y una serie de conflictos sociales en las zonas impactadas. Además del deterioro ecológico, la minería ilegal ha sido fuente de violencia, desplazamientos y economías paralelas que dificultan la gobernabilidad regional.

Una de las modalidades más riesgosas de la minería ilegal es la explotación con socavones, es decir, la construcción de túneles subterráneos sin planificación ni vigilancia técnica. Estas galerías representan doble peligro: por un lado, para quienes laboran en condiciones precarias y expuestos a colapsos o gases tóxicos, y por otro, para el entorno natural que sufre alteraciones en el suelo, contaminación hídrica y erosión. La operación desmantelada por Carabineros y Corpocaldas es ilustrativa de una realidad nacional que desafía a las autoridades en su capacidad de detectar, sancionar y prevenir estas prácticas, tal como indica el análisis de La Patria.

El río agredido por esta minería ilícita tiene un valor estratégico para diversas áreas sociales y económicas. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia (2024) resalta que estos cuerpos hídricos abastecen centrales hidroeléctricas responsables de energía renovable, sosteniendo así las aspiraciones nacionales de mitigar el cambio climático –con miras a que, para el año 2030, al menos la mitad de la generación energética provenga de fuentes limpias. Pero también su relevancia radica en la provisión de agua a acueductos rurales, la principal garantía de consumo seguro en las veredas, y en el fomento del turismo ecológico, un renglón vital para las finanzas de las comunidades locales.

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Diversas entidades como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y la Asociación Colombiana de Ecoturismo han advertido que los daños derivados de la minería ilegal repercuten en la salud pública, la calidad de vida y el atractivo turístico a largo plazo. La disminución de visitantes, resultado de la destrucción ambiental, desemboca en pérdida de empleos y disminución de ingresos para quienes dependen de las actividades ecoturísticas. Así, la afectación no es solo ecológica sino también social y económica.

En materia judicial, los arrestados fueron puestos a disposición de la Fiscalía General de la Nación para enfrentar cargos relacionados con la explotación ilícita de yacimientos mineros y el daño a los recursos naturales, delitos contemplados en la legislación colombiana bajo el Código Penal y la Ley 685 de 2001. Sin embargo, la misma normativa reconoce que la persecución y control de estas actividades ilícitas resultan sumamente complejas por las dificultades operativas y la magnitud del territorio colombiano. Por ello, expertos de la Universidad Nacional de Colombia sugieren que una solución real requiere combinar la acción punitiva con programas de sustitución económica y fortalecimiento institucional, involucrando a las comunidades afectadas en estrategias de desarrollo alternativo.

En conclusión, la reciente acción de las autoridades representa un paso relevante en la defensa de los recursos naturales, pero subraya la urgencia de construir respuestas integrales que equilibren conservación ambiental, desarrollo económico local y acceso a la justicia. Proteger los ríos que soportan la generación de energía renovable, el abastecimiento de agua y el turismo es una tarea de todos los actores sociales y estatales, como reitera la información consultada en La Patria, el Ministerio de Ambiente y el IDEAM.

Preguntas frecuentes relacionadas

¿Qué es un socavón y por qué es peligroso en la minería ilegal?

Un socavón es una excavación o túnel subterráneo construido con el objetivo de extraer minerales sin planificación ni certificación técnica. En la minería ilegal, los socavones son particularmente riesgosos porque suelen carecer de estructuras de soporte, ventilación adecuada y protocolos de seguridad, lo que incrementa el riesgo de desplome o de intoxicación para los trabajadores.

Además, la práctica de construir socavones sin control ambiental puede derivar en colapsos que afectan el curso de los ríos, la estabilidad de los suelos y la salud de los ecosistemas cercanos. Según los informes del IDEAM, esta modalidad de extracción juega un papel importante en la degradación de fuentes hídricas y en la contaminación con sedimentos o residuos tóxicos.

¿Cuáles son las principales consecuencias sociales de la minería ilegal en Colombia?

La minería ilegal no solo daña gravemente el medio ambiente, sino que también genera problemáticas sociales profundas. Uno de los mayores impactos es el incremento de la criminalidad en las regiones donde estas actividades se concentran, alimentando circuitos de violencia, desplazamiento forzado y pérdida de oportunidades de empleo formal dentro de las comunidades locales.

Adicionalmente, la dependencia económica generada por la minería ilícita dificulta la transición a alternativas sostenibles, perpetuando la vulnerabilidad social y la precariedad laboral. Así lo señalan tanto el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga como la Universidad Nacional de Colombia, que recalcan la necesidad de políticas integrales para transformar este escenario y brindar alternativas económicas legales a las poblaciones afectadas.

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