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El barrio Vallejo, situado en uno de los extremos de Montería, ha sido impactado profundamente por las recientes inundaciones. Sus calles, antes transitables, permanecen sumergidas bajo el agua marrón que ha traído consigo el invierno, y los habitantes se ven obligados a sortear obstáculos como botellas de plástico, ramas y cables eléctricos flotando en medio del desastre. De acuerdo con los relatos recogidos por EL COLOMBIANO, la comunidad enfrenta una situación de angustia e indignación, pues muchos sienten que la emergencia pudo haberse mitigado y que las alertas y acciones anticipadas brillaron por su ausencia.
Carlos Andrés del Toro Ramos, presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Vallejo, es una de las voces líderes en esta crisis. Desde una lancha, describe cómo la inundación fue avanzando, cómo monitorearon el crecimiento del río Sinú y el comportamiento del humedal Berlín, y cómo, pese al arribo de motobombas y maquinaria, la lucha fue perdida y las calles quedaron intransitables. Su relato, transmitido a EL COLOMBIANO, evidencia la impotencia vivida por los líderes barriales frente a un desastre natural para el cual no se encontraban preparados.
Junto a la orilla del humedal, la historia de Cristian Rodríguez resalta el desconcierto de los vecinos. Explica que nadie les advirtió sobre la inminente inundación, y el agua subió rápidamente hasta las rodillas, obligando a evacuar. Sacó a su mascota primero y, al regresar por sus pertenencias, el nivel del agua ya le llegaba al pecho. Como muchos otros, Cristian ha debido abandonar su hogar y buscar refugio con familiares en otro barrio de la ciudad, quedando su destino a la espera del censo municipal.
La desolación y el dolor de los habitantes se mezcla con la solidaridad, pues, como narra Carlos del Toro, la pérdida de pertenencias constituye un golpe devastador para esta comunidad joven, cuya urbanización apenas tiene doce años de existencia. Sin embargo, el anhelo de reconstruir juntos el barrio y la esperanza de no perder el sentido de pertenencia motivan a seguir luchando.
La necesidad de ayuda externa es evidente. Carlos lamenta que hasta ahora la asistencia haya provenido principalmente de donaciones individuales, mientras la intervención estatal se percibe como insuficiente. La cifra de afectados es alta, y la gestión de censos por parte de la Alcaldía es caótica, llevando a Cristian y cientos de personas a soportar largas filas bajo el sol para ser registrados como víctimas y aspirar a recibir ayuda oficial.
El director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Carlos Carrillo, aclaró a EL COLOMBIANO que la entidad ha coordinado acciones con el alcalde y está preparada para desplegar más asistencia humanitaria si se requiere, subrayando que la entrega de ayudas depende de la inclusión en el registro único de damnificados (RUT). El proceso, sin embargo, destaca las limitaciones logísticas y la pérdida de confianza en las instituciones locales y nacionales por parte de los damnificados.
Para la población de Vallejo, el camino hacia la recuperación será largo y lleno de incertidumbre. El trauma y la frustración están a flor de piel, pero también la esperanza de que la solidaridad y un mejor apoyo gubernamental permitan recuperar no solo los hogares, sino el tejido comunitario que tanto trabajo costó construir.
¿Cómo funciona el registro único de damnificados (RUT) y por qué es relevante en casos de desastres naturales?
El Registro Único de Damnificados (RUT) es un mecanismo implementado por las autoridades con el fin de identificar y contabilizar a las personas afectadas por emergencias o desastres naturales. La inclusión en este registro es fundamental para que los damnificados sean elegibles para recibir asistencia humanitaria, subsidios y ayudas por parte del Estado o de organizaciones civiles.
La relevancia del RUT radica en que, sin estar registrados, los ciudadanos no tienen acceso formal a los beneficios y ayudas estatales, como cajas de alimentos, elementos de primera necesidad o subsidios temporales de alojamiento. Este proceso, que fue motivo de largas filas en Montería como describen los testimonios, permite a los organismos de socorro y al gobierno organizar la distribución de recursos y priorizar la atención en zonas más afectadas, asegurando una gestión más eficiente en situaciones de emergencia.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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