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Las fuertes inundaciones que han azotado recientemente a Córdoba han puesto en máxima alerta al sistema de salud local, dada la elevada probabilidad de que se presenten brotes de enfermedades infecciosas. La Asociación Colombiana de Infectología (Acin) fue enfática al advertir que la crisis climática implica mucho más que daños en las estructuras físicas o la pérdida de cultivos: desencadena un complejo escenario de riesgos sanitarios asociado a aguas contaminadas, el auge de vectores transmisores de virus y las dificultades propias del hacinamiento en albergues temporales, donde se refugian los damnificados.
Según cifras del gremio, los efectos de inundaciones sobre la salud pública están ampliamente documentados a nivel mundial. La Acin resaltó que, especialmente en América Latina, estas emergencias suelen provocar un aumento de enfermedades infecciosas, situación particularmente grave en comunidades donde la infraestructura es precaria, existen múltiples factores de vulnerabilidad social y se presentan obstáculos en el acceso a servicios esenciales como agua potable y saneamiento básico. Frente a esto, el llamado es a la acción conjunta entre autoridades locales, personal sanitario y organismos responsables de la gestión del riesgo, para mitigar estas consecuencias y proteger a la población.
La experiencia internacional ha sido determinante para poner en perspectiva lo que podría enfrentar Córdoba. Como evidencia, se recuerda el episodio registrado en el sur de Brasil en el año 2024, cuando un fenómeno climático similar causó un alarmante incremento de patologías como leptospirosis, presencia de brotes de diarrea y la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos. Situaciones como esta ilustran que los efectos sobre la salud no son inmediatos, sino que suelen aparecer y multiplicarse durante las semanas posteriores a la emergencia, desbordando la capacidad de atención de los sistemas de salud y comprometiendo la respuesta epidemiológica.
La Acin explicó que estas inundaciones favorecen la contaminación del agua potable mediante residuos y aguas residuales, el colapso de alcantarillados y el aumento de roedores portadores de agentes patógenos. El desplazamiento forzado a refugios temporales, donde coexisten muchas personas en espacios reducidos, facilita además el contagio de infecciones respiratorias y de la piel, a la vez que dificulta la continuidad de las campañas de vacunación. La preocupación es mayor porque se ha identificado que al menos 121 enfermedades infecciosas pueden verse agravadas en contextos como el actual. Uno de los mayores temores es la leptospirosis, una infección transmisible por contacto con aguas contaminadas con orina de roedores, fácilmente confundible con dengue o gripe.
También preocupa el riesgo de enfermedades diarreicas, ocasionadas por bacterias o virus presentes en agua no tratada, así como la aparición de hepatitis A. El agua estancada, frecuente tras las inundaciones, contribuye al aumento del mosquito Aedes aegypti, responsable del dengue y otras arbovirosis. El gremio además advirtió sobre infecciones cutáneas, tétanos en caso de heridas y la eventual dispersión de bacterias resistentes asociadas al uso incorrecto de antibióticos. Frente a este cuadro, la recomendación clave es fortalecer la vigilancia epidemiológica, garantizar acceso a agua segura y el sostenimiento de los programas de vacunación, además de prácticas de higiene estrictas a nivel comunitario.
¿Qué es la leptospirosis y por qué es una de las principales preocupaciones tras las inundaciones?
La leptospirosis es una enfermedad infecciosa que se transmite principalmente por el contacto con agua contaminada por la orina de animales, especialmente roedores. Como lo expone la Asociación Colombiana de Infectología, las lluvias y desbordamientos propician condiciones perfectas para la diseminación de este patógeno, aumentando exponencialmente su riesgo en las zonas afectadas.
Este peligro es relevante porque los síntomas iniciales pueden confundirse con los de otras afecciones como dengue o gripe, lo que dificulta el diagnóstico oportuno. Dada la magnitud de las inundaciones y la exposición de grandes sectores de la población a aguas no seguras, el seguimiento y la atención temprana se convierten en factores críticos para evitar complicaciones mayores y reducir el impacto en la salud pública.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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