Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Nov 1, 2026 - 4:55 pm
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La reciente edición del festival CaliLee, bajo la dirección de Paola Guevara, demostró que invitar un país no significa solamente ofrecer sus libros, sino presentar su cultura de forma viva y auténtica. En el pasado, delegaciones como la de Japón sorprendieron al público con muestras inusuales, como caligrafía, música y ceremonias tradicionales a las orillas del río. Este año, el encuentro tuvo como invitado principal a República Dominicana, y la ciudad de Cali se llenó de aromas y conversaciones alrededor de su gastronomía, donde los platos típicos como el mofongo y el sancocho dominicano fueron protagonistas. Además, la Cinemateca de Santo Domingo presentó ocho películas y documentales recientes, acercando a la audiencia caleña a la creación audiovisual del Caribe, según explicó la directora del evento.

En la parte literaria, los autores dominicanos se destacaron por el "futurismo caribeño", una corriente narrativa donde el pasado y la memoria conviven con la ciencia ficción y escenarios tecnológicos, según detallaron los organizadores. Entre las propuestas más llamativas estuvo un libro infantil ilustrado que se puede leer en ambos sentidos, simbolizando la relación entre Haití y República Dominicana: dos niños juegan béisbol pasando la pelota de un lado a otro de la frontera, una sencilla pero poderosa metáfora sobre la unidad más allá de las diferencias.

Esta cercanía entre culturas se vio también reflejada al comparar la forma en que se organizan las ferias del libro. De acuerdo con Guevara, los organizadores dominicanos se sorprendieron al ver que en Cali el evento se desarrolla en un espacio abierto junto al río, sin muros ni entradas vigiladas, contrastando con el formato cerrado y controlado en Santo Domingo. Para los dominicanos, fue revelador entender que la feria también debe reflejar el espíritu de su ciudad anfitriona: libre, fresca y abierta para todos.

Otro aspecto importante fue la creatividad de los autores dominicanos, quienes, debido a la pequeña industria editorial de su país, implementaron estrategias como la distribución de sus obras mediante códigos QR y grafitis interactivos en las calles, permitiendo a los lectores acceder gratuitamente a novelas y cómics en sus celulares. Esto evidenció una actitud resiliente, algo que conecta profundamente con el carácter de los caleños.

Uno de los hitos del festival fue el donativo de la editorial Planeta: un lote de 100.000 libros infantiles y juveniles, cuyo valor se aproxima a 3.000 millones de pesos. Esta cifra representa una tercera parte de todos los volúmenes que integran la red de bibliotecas públicas de Cali. Para su distribución, el festival se alió con la Biblioteca Departamental, llevando estos textos a instituciones comunitarias, hospitales y fundaciones, como la Fundación Valle del Lili y la Fundación Divina Providencia, brindando alivio y esperanza a niños y jóvenes en situación vulnerable. Según Guevara, un libro en estas circunstancias es mucho más que material pedagógico: es una ventana para soñar y acompañar en momentos difíciles.

Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Cómo influyó la cultura dominicana en el festival CaliLee de este año?

La cultura dominicana fue protagonista en el festival, no solo a través de los libros, sino también mediante muestras de su gastronomía y cine, así como con propuestas literarias innovadoras como el futurismo caribeño y libros infantiles ilustrados. Esta inclusión permitió a los asistentes experimentar tradiciones, saberes y formas creativas de conectarse con la lectura y la cultura caribeña.

¿Qué impacto tuvo la donación de 100.000 libros en las bibliotecas y fundaciones de Cali?

La donación de 100.000 libros infantiles y juveniles de la editorial Planeta representó un aporte significativo para bibliotecas y fundaciones de Cali, ayudando a suplir la escasez de material en instituciones comunitarias, hospitales y organizaciones que trabajan con niños vulnerables. Este apoyo se tradujo en una posibilidad real de llevar lectura, acompañamiento y esperanza a quienes más lo necesitan en la región.


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